18 julio 2017

Al rugby sólo juegan los hombres

¿Creían que los jóvenes de ahora son menos sexistas que sus padres? No en el internado de Rugby. Los alumnos del prestigioso centro británico, fundado en 1567 y cuna del deporte del mismo nombre, lo acaban de demostrar con una campaña contra el nombramiento de una chica como delegada.

Louise Woolcock, una pálida jovencita de cabello rubio y ojos azules, ha sido designada por el director del colegio para representar a los estudiantes a partir del próximo curso. Pero aunque la adolescente no asumirá sola el cargo, sino que lo compartirá con otro alumno, la decisión ha enfurecido a sus compañeros.

En señal de protesta, apenas la mitad de los 500 pupilos del famoso colegio asistió el pasado lunes a una misa solemne que conmemoraba el segundo centenario del nacimiento de Thomas Arnold, director y reformador de este centro.

Los disidentes también han colocado carteles contra la joven y han empezado a recoger firmas para que Michael Mavor, el director, reconsidere el polémico nombramiento.

«Me parece que boicotear un servicio religioso no es una forma muy civilizada de hacer una protesta -declaró ayer el subdirector del centro, Robert Montgomerie-. Sin embargo, confío en que el problema se solucionará en poco tiempo».
Los chicos de Rugby acusan al director del centro de acatar las pautas del «political correctness» que, según ellos, está desvirtuando el verdadero espíritu de esta vieja institución inglesa.

Lo cierto es que la rebelión masculina no ha pillado por sorpresa a las autoridades académicas de Rugby, un centro por el que han pasado, entre otros, el escritor Salman Rushdie y el actor Robert Hardy, cuya matrícula cuesta casi 2,5 millones de pesetas al año y donde los chicos gastan chaqueta y corbata y las chicas visten faldas hasta los tobillos.
Ya en 1976, cuando comenzó el desembarco femenino, los alumnos varones lo aceptaron a regañadientes. Y en 1991, al acondicionar varios edificios para albergar a las mujeres, aparecieron pintadas de «Chicas fuera», mientras muchos estudiantes decidieron exhibir un brazalete negro.

Este año, las féminas, admitidas sólo en los cursos superiores, siguen estando en franca minoría: sólo son 134 frente a 538 chicos. Pero a partir de septiembre Rugby será completamente mixto y por eso, ha pensado el director, es justo que el internado cuente por primera vez en 428 años con una chica entre sus delegados.
Los alumnos no lo entienden así y aseguran que la decisión de Mavor no es más que un acto de relaciones públicas y de «corrección política». Según ellos, no tienen nada en contra de las mujeres y su protesta no está motivada por el machismo. «El problema no es la chica en sí. Nosotros no somos sexistas», aseguró ayer Edward Colver, de 18 años, capitán de uno de los equipos de rugby del centro escolar. «Es una cuestión de principios. Una persona que sólo lleva un año aquí no conoce bien el colegio y no puede representarnos».

Uno de los profesores del centro, Keith Lanyon Jones, justificó la actitud de los jóvenes diciendo que «no se puede esperar una actitud madura de estos chicos. Se enfadan por cualquier tontería, y además, no hay que olvidar que los adolescentes son increíblemente conservadores».

Rugby, sin embargo, no es un caso aislado en Gran Bretaña. Otra institución centenaria, el Club Universitario de Oxford y Cambridge, acordó ayer que las mujeres podrán utilizar su escalera principal y su biblioteca, aunque la entrada al bar y a la sala de fumadores seguirá estándoles vetada.
Varios miembros de la vieja guardia del Club de las dos célebres universidades, que se oponen a que las mujeres lleguen a ser miembros con plenos derechos, votaron a favor de que se les exija el pago de cien libras al año, convencidos de que será una forma de impedir su entrada. 

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