28 julio 2015

El cuidado del cabello

Si champús y mascarillas contienen ingredientes clásicos de la cosmética facial, los salones de peluquería no se quedan atrás y proponen protocolos capilares antiaging tan apetecibles como un tratamiento en cabina. 

En Maison Eduardo Sánchez (Madrid, tel. 915 77 67 22) apuestan, sobre todo para mujeres a partir de 50, por una sesión de colágeno (entre 40 € y 60 €) que restaura el cuerpo y la forma natural de la melena. 

Para combinar cuidados con relax, el ritual Age Recharge de Kérastase (18 €, en New Look. Barcelona, tel. 932 41 44 44) incluye baño, masaje y texturizado con productos de la gama, específica para cabellos maduros. Por último, en los salones Oh my cut! (www.ohmycut.com) realizan un peeling dermoabrasivo Nioxin (11 €) que elimina los residuos más resistentes del cuero cabelludo.

Cuidados desde dentro

Es un clásico. Semanas después del inicio del otoño, muchas personas incluyen en su dieta un complemento (con vitaminas D y B, zinc y aminoácidos) para mejorar la salud de su pelo. Pero ¿cómo funcionan? 

"La vía oral permite ir al origen del problema. Si hay caída, se actúa sobre el bulbo capilar, responsable del anclaje y crecimiento, aportando nutrientes a los folículos", explica Laura García Urosa, responsable científica de Innéov. A la hora de elegir, recomienda "no fijarse solo en los ingredientes, sino también en su bioasimilación, es decir, que sean capaces de atravesar la pared intestinal para alcanzar el bulbo". Solo así el resultado se reflejará en el aspecto de la melena.

A vueltas con la caída

Se suele repetir, como un mantra, que lo habitual es que se caigan unos cien cabellos al día. Sin embargo, no es nada fácil estar pendiente de ese cálculo... "La caída no es lo preocupante, ya que se va renovando, el problema es que ese pelo no salga o sea de peor calidad", asegura la doctora Gloria Garnacho. 

En su opinión, una persona debe alarmarse cuando comience a notar clareo en una zona concreta. Un tercio de las mujeres adultas sufre este problema, pero, insiste Garnacho, no suele ser una alopecia androgénica (la que desemboca en calvicie) sino que es un proceso reversible que puede durar meses.

 "Surge a raíz de dietas estrictas, medicamentos, embarazos o después del parto, estrés, y también con los cambios estacionales". Por tanto, es más que probable que cualquier persona padezca en algún momento esta caída. 

Pese a todo, lamenta Bruno Bernard, acabar con ella sigue siendo un reto: "Hace una década pensábamos que solo había un gen asociado a este proceso y ahora hemos detectado 20, y lo que queda por saber...". 

Existen numerosos tratamientos que, si se aplican con constancia y se combinan con nutricosméticos, pueden frenarla, pero las investigaciones no cesan. "Los esfuerzos se encaminan a la producción de células madre que se conviertan en foliculares y actúen como tal", aventura Garnacho.

Primeros signos

"Falta de brillo y densidad, pérdida de volumen e, incluso, caída". Estos son, según Coral Dorsch, directora de los laboratorios Fridda Dorsch, los signos que delatan un pelo envejecido. Este, del mismo modo que la piel, sufre la pérdida de colágeno y elastina, y a partir de los 35 años también acusa el paso del tiempo. 

"Disminuye la vascularización en el cuero cabelludo, por lo que el aporte nutritivo es menor, y, además, se pierden unidades foliculares (grupos de pelo), lo que se traduce en menos volumen, pigmento y brillo", ilustra la dermatóloga Gloria Garnacho. 

Y, como sucede con nuestro rostro, a la edad hay que sumar el daño acumulativo de los radicales libres (contaminación y exposición solar), así como el de planchas y secadores, coloraciones, productos químicos... 

Para paliar estos síntomas, Dorsch recomienda fórmulas que incluyan antioxidantes como el omega 3, vitamina B o aceites reparadores como el de argán. El colágeno –que hidrata y engrosa la cutícula– o la coenzima Q10 son otros activos que saltan de las cremas para el rostro al cuidado del pelo. 

¿Y las canas? María Castán, experta en Comunicación Científica de Wella, precisa: "A los 50 es normal tener la mitad del pelo blanco". En este caso, el tinte (si es que se quiere disimular) y una buena hidratación, para evitar el encrespamiento, típico del cabello canoso, son grandes aliados.

Un nuevo reto


Más del 50% de la población tiene el cabello debilitado. El principal problema de este dato, según estima la marca de cuidados capilares Nioxin, es que solo una de cada tres personas lo detecta. Como apunta el doctor Bruno Bernard, director del centro de Biología Capilar de L’Oréal, "se percibe subjetivamente, al tocarse la melena o hacerse una coleta, por ejemplo". 

El estrés, la alimentación, la genética y, por supuesto, el paso del tiempo son los principales desencadenantes de este afinamiento. "Según cumplimos años, la fase anágena (de crecimiento del pelo) se acorta, mientras la latente (cuando el folículo no tiene actividad) se alarga", explica Bernard, que añade: 

"Diagnosticarlo y después tratarlo es fundamental". Dado que la mayor parte de la población femenina experimenta o bien menos densidad o menos grosor, los laboratorios se esfuerzan en ofrecer soluciones. Algunos, como L’Oréal Paris o Nioxin, lo hacen expandiendo el diámetro de la fibra capilar. 

El último lanzamiento de L’Oréal Professionnel, Serioxyl, también rellena cada pelo, pero, sobre todo, persigue que la fase latente del folículo piloso sea lo más corta posible. "Lo logra al intervenir directamente sobre los reservorios de células madre del cuero cabelludo, despertando su actividad", apunta el doctor. 

Quienes no sean constantes con la aplicación de tratamientos –la mayoría requiere un uso diario durante dos o tres meses masajeando las raíces– encuentran opciones como la que propone Viviscal. Sus fibras microscópicas de queratina, con carga electrostática, se adhieren al pelo creando un efecto óptico inmediato de volumen y densidad en zonas especialmente despobladas.

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