20 junio 2015

Europa del este ha despertado

El torbellino de cambios y reformas que recorre los países del este europeo también arrastra a la ecología con el reconocimiento de graves problemas, ocultos durante años, por unos gobiernos ocupados en sacar adelante una industria pesada en detrimento de la conservación del entorno. El accidente en la central nuclear de Chernobyl, en abril de 1986, supuso no sólo un desastre ecológico de enorme magnitud (con más de veinticuatro mil evacuados, miles de afectados por las radiaciones y decenas de muertos), sino, además, el comienzo de una corriente conocida como «ecoglasnot» o reconocimiento público de los problemas medioambientales. 

Esta corriente iba acompañada de medidas políticas y búsqueda de soluciones con la progresiva participación de grupos, asociaciones y movimientos ecologistas en pro de la conservación de la naturaleza. El propio Gorbachov actúa como catalizador de esta corriente, como hiciera ante la Asamblea General de Naciones Unidas, al justificar su política de desarme por la salvaguardia del planeta. Con ello abría una nueva etapa, aún en sus inicios, para los grupos ecologistas, tradicionalmente vinculados en la Europa del Este a los círculos intelectuales de oposición. 

Estos se movilizan ahora contra proyectos nefastos fruto de una planificación industrial irracional. La «perestroika» ha ofrecido una visión objetiva de la situación en estos países. Se ha extendido la conciencia del grave perjuicio que suponen la lluvia ácida sobre los bosques, los vertidos indiscriminados en los ríos y lagos, la emisión de dióxido de sulfuro a la atmósfera de las ciudades, y tantos otros usos de la industria, difíciles de corregir a corto y medio plazo. Las autoridades y las organizaciones ecologistas de todo el mundo se enfrentan a una situación dramática con datos aún escasos.

Occidente responde con cautela a la petición de ayuda formulada por Mijail Gorbachov para el Este de Europa. En los acuerdos firmados de forma bilateral o comunitaria con estos países en proceso de cambio se apunta la cooperación «en materia de política de medio ambiente a largo plazo». Los gobiernos mantienen contactos y formulan declaraciones de intenciones como en el caso de la citada Carta de Salud Pública y Medio Ambiente suscrita por veintinueve países miembros de la Oficina Europea de la OMS, y a cuyas reuniones asistieron todos los países del Este excepto Rumania. 

Más de mil delegados de todo el mundo se han reunido en el Foro Global sobre Medio Ambiente y Desarrollo para la Superviviencia que se celebra en Moscú para analizar «la situación de emergencia en la tierra a causa de la degradación del entorno, y hallar una estrategia común de los estados», según palabras pronunciadas por el secretario general de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuellar. También los grupos no gubernamentales del Este y el Oeste han celebrado reuniones conjuntas de las que han surgido propuestas de actuación muy concretas y que serán llevadas a cabo en el transcurso de los próximos años. 

En el próximo mes de marzo se celebrará una conferencia en Viena y Budapest para tratar los efectos de la contaminación sobre las ciudades y el daño producido por los vertidos de residuos en los ríos y espacios naturales. A partir de ahora, la carrera iniciada por los países de la Europa del Este no sólo se debe centrar en los cambios políticos. El medio ambiente y la ecología deben estar controlados por medidas que realmente ofrezcan soluciones eficaces para un problema que ya es una realidad. Por su parte, Estados Unidos ha mostrado su preocupación y deseos de cooperación para limpiar el aire europeo. En el futuro, este país prestará información a las autoridades soviéticas a través del Comité Conjunto establecido entre los EEUU y la URSS para la Cooperación en materia de ecología y protección medioambiental.

Este país es el último reducto del marxismoleninismo en Europa del Este, crítico hacia las reformas en los países vecinos, con una economía de subsistencia, no permite ningún tipo de movimiento ecologista, si bien aprobó, junto a otros veintinueve países europeos, la primera Carta de la Salud y el Medio Ambiente, redactada a finales del pasado año en Frankfort. Las denuncias recogidas en Occidente critican la política agrícola seguida por el régimen albanés, política que daña las tierras por la utilización del método de desecación, desarrollado desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

Los problemas de su situación medioambiental están muy ligados al desarrollo industrial y económico del país. Una cierta preocupación de las autoridades por la ecología se pone de manifiesto con la celebración en Sofía de un Encuentro Europeo sobre Protección de Medio Ambiente en noviembre de 1989, en el marco de los acuerdos de la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa. A través de su presidente, Nikolai Diulguerov, el Comité de Protección de Medio Ambiente Bulgaro, creado hace quince años, reconoce que «la mayoría de las ciudades registran un grado de contaminación muy superior a los límites admisibles para la salud. Como puntos álgidos de contaminación destacan las zonas de las ciudades de Devnia, Dimitrovgad, Razlog, Vratsa, Burgas, Plovdiv y Ruse». Esta última está afectada por los vertidos procedentes de las industrias químicas rumanas que obligaron a la evacuación de la población. La situación en la capital, Sofia, es extremadamente grave ya que en las afueras, a tan sólo veinte kilómetros, se encuentra una de las empresas más contaminantes de Bulgaria: el complejo siderúrgico Kremikovtsi, dedicado a la producción de ferroaleaciones de mangano, que vierte a la atmósfera sustancias muy tóxicas.

Dos son los grupos ecologistas más relevantes del país. Por un lado, Ecoglasnot, cuyas reivindicaciones en favor de la protección del medio ambiente se llevan a la lucha política por la reforma. Y por otro, el Partido Verde, de reciente creación, con propuestas tomadas de sus homólogos occidentales. Ambos se movilizan con cierta periodicidad en defensa de determinadas especies animales y espacios naturales, como es el caso del Parque Nacional Vithosa y las denuncias contra los planes de desviar el río Mesta.

La situación de los bosques checos es dramática, más del 50% de la superficie forestal del país está afectada por la contaminación, dato que subrayan la Federación de Amigos de la Tierra y Greenpeace, organizaciones que desarrollan una cierta actividad en Checoslovaquia. «Nuestro país es la segunda nación detrás de la RDA en cuanto a la emisión de dióxido de sulfuro a la atmósfera, y más de un millón de hectáreas de bosque están muertas», denuncian los miembros de Brontosaurus, la principal organización en la lucha ecológica, fundada en 1974 en el seno de las Juventudes Socialistas.

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