22 febrero 2015

La Iglesia apoya a las víctimas de abusos sexuales de curas

"¿Qué pueden hacer los supervivientes de abusos sexuales en la Iglesia? Pues lo primero de todo denunciarlos en la Policía, recurrir a las autoridades civiles". 

Así de categórico se mostró ayer en una rueda de prensa en el Vaticano el inglés Peter Saunders, uno de esos "supervivientes" –como él llama a las víctimas de abusos sexuales por parte del clero– que ahora forma parte de la Pontificia Comisión para la Tutela de Menores, creada por el Papa Francisco en marzo de 2013 para prevenir la pedofilia en el seno de la Iglesia.

El presidente de la comisión, el cardenal estadounidense Sean O’Malley, que también compareció ante los medios de comunicación, puntualizó que el objetivo de la comisión es "crear una oficina en cada Conferencia Episcopal" donde las víctimas puedan acudir. 

Pero reconoció que hoy por hoy no se disponen de esos recursos y que, por lo tanto, la solución es denunciar en la Policía. "Porque se trata de un delito", argumentó.

Lo que está claro es que la época de correr un tupido velo e intentar silenciar a las víctimas ha pasado a la Historia, y ahora el Vaticano anima a aquellos que sufrieron abusos sexuales por parte del clero a que den un paso al frente y no se callen. 

De hecho, el Vaticano pretende organizar un día de plegaria por todas esas víctimas que tuvieron que pasar por tan traumática experiencia.

Ésa fue una de las conclusiones de la Pontificia Comisión para la Tutela de Menores, que esta semana por primera vez ha tenido una reunión plenaria en el Vaticano con todos sus miembros.

En total, 17, laicos y religiosos de diferentes continentes, entre los cuales hay ocho mujeres y dos personas que en su niñez o adolescencia sufrieron abusos sexuales de sacerdotes: la irlandesa Marie Collins, además de Peter Saunders.

Por otra parte, el cardenal O’Malley explicó que la comisión pedirá que cada Conferencia Episcopal nombre a "una persona de contacto" –inicialmente habló de una única persona y no de crear una oficina– que se encargue de la protección de menores.

Asimismo, se pretenden establecer unas directrices para saber qué hacer cuando se detecte un caso de abusos sexuales, y fomentar la formación de religiosos y niños y niñas sobre protección de menores. Todo con la finalidad de "prevenir". Es decir, que no se repita lo que ha sido una lacra para la Iglesia. Pero también de buscar "responsabilidades".

El cardenal O’Malley fue tajante en la necesidad de que se haga justicia. En ese sentido, declaró que los miembros de la comisión harán una serie de recomendaciones al Papa sobre cómo actuar, pero será el pontífice quien tenga la última palabra.

De momento, Francisco se ha mostrado completamente dispuesto a batallar duro por este tema. Sin ir más lejos, el pasado lunes envió una carta a los presidentes de las Conferencias Episcopales, y a los superiores de los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica, para pedirles su colaboración "plena" con la Comisión para la Tutela de Menores, aunque eso suponga el destape de nuevos escándalos.


"Corresponde al obispo diocesano y a los superiores mayores la tarea de verificar que en las parroquias y en otras instituciones de la Iglesia se garantiza la seguridad de los menores y los adultos vulnerables", decía la misiva, que el pontífice remitió a petición de los propios miembros de la comisión al temerse posibles resistencias de los obispos a colaborar con dicho organismo. 

En la rueda de prensa de ayer también estuvo presente Federico Lombardi, portavoz de la Santa Sede y mano derecha del Papa.

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