03 diciembre 2013

Los golpistas somos los españoles

Los golpistas somos nosotros. Gorbachov tiró su fusil y pidió ayudó a Occidente para salvar a su inmenso país de la dictadura y el hambre. Y Occidente le ha dado a la URSS las buenas palabras de Mario Conde y el aerobic de Jane Fonda. A Mario Conde (y es sólo una anécdota, no le vamos a hacer el chivo emisario de esta crónica), se lo decía yo precisamente, la primavera pasada, en una cena organizada por Agatha Ruiz de la Prada: - No habéis entendido en absoluto lo que pasa en el Este ni habéis acertado con la manera de entrar en el Este. 

El capitalismo sólo. ha visto en la URSS un nuevo e inmenso mercado. Derecha puede ser también una ideología de izquierdas mineralizada/milenarizada (de mineral y de milenio), convertida en dictadura y burocracia. Y ese núcleo conservador, ese fósil actuante del sovietismo continuista e inmanentista (Partido, Ejército, KGB), tiene su simetría en el núcleo puro y duro del liberalcapitalismo fundamentalista que hoy se hace Hombre en Bush sobre la tierra. Socialismo y democracia, izquierda y derecha llegan al fin de siglo como dos ideologías convertidas en arqueología siniestra y actuante. La Casa Blanca y el Kremlin son como aquella mansión del cuento de Bradbury que expulsaba por sí misma a quienes no le gustaban. Y hoy le ha tocado a Gorbachov, o sea el 23-F. Gorbachov estaba haciendo una revolución contra natura, como en cierto modo la hizo Suárez en España (continuada por González), como en cierto modo la había hecho Kruschev en los sesenta. 

A todos ellos los atrapa la larga mano del pasado: Breznev, 23-F, socialfelipismo, KGB. El mundo'sigue siendo de los mismos. Hay en cada país o época, en cada hemisferio o ideología, un núcleo fundacional que se seculariza (aun cuando sus orígenes sean revolucionarios o porveniristas: Lenin, Lincoln) y un día llega a proclamar que el que se mueva no sale en la foto. Y Gorbachov se ha movido demasiado. 

La Revolución Francesa se ecumeniza en Napoleón, pero a costa de imperializarse. Hoy es una revolución de museo, como hemos visto en las recientes celebraciones conmemorativas (Baudrillard lo explica bien). El Ejército no es que esté ahí para salvar la Patria, como ellos dicen, sino que el Ejército es, o se cree, la Patria (así como los políticos son la Nación). Todo Ejército que pierde una guerra contra otro, acaba haciendo una guerra contra su propio pueblo: Franco como consecuencia del Desastre del 98, como «golpe lento». 

El Ejército ruso, cuatro millones de soldados, que acaba de perder silenciosamente la guerra contra la OTAN, necesitaba hacer, ganar una guerra al pueblo ruso. Los golpistas somos nosotros. Europa ha sido mezquina con la otra Europa y EEUU figura el último en la lista de préstamos a la URSS. Bush decía que los rumores de golpismo en Rusia eran un chantaje de Gorbachov a Occidente. 

Nuestro antagonista nos define y Bush se había quedado sin antagonista, andaba errático y el capitalismo iba a «morir de éxito», como se muere en el orgasmo. Si volvemos a la Guerra Fría, el democapitalismo resultará redefinido, espectacular, y Bush podrá olvidarse de los criptonitas para rearmarse contra los rusos. Con la supresión de los términos derecha/izquierda habíamos llegado a la transparencia y una comunicabilidad de chalet adosado. Pero la derecha son los tanques en Moscú y los geos, o lo que fuesen, en Entrevías. La izquierda es la gente contra los tanques y el mutismo de nuestros chabolistas contra los guardias. La izquierda, a través de la Historia, ha sido el pueblo subiéndose a la trasera de las carrozas. Lo de Yanaev es fascismo.

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