31 agosto 2013

Los japoneses terminarán comprando nuestras industrias

Yo no entraré en el juego. Sencillamente los japoneses terminarán por comprar nuestras industrias, hacemos representar diariamente la ceremonia del té. Pero no hay porqué alarmarse». Uno podría pensar que Vidal ha aportado recientemente su granito de arena en la tarea demonológica de los medios americanos. Me refiero al ensayo «¿Armagedón?». En él sugería que Reagan estaba dispuesto a lanzarse a una guerra santa contra Rusia, con Israel como campo de batalla. Esta teoría, ¿no ha sido desacreditada por los inesperados sucesos de la cumbre Reagan-Gorbachov? «De eso nada». 

Vidal sostiene que la fustración de los deseos de Reagan de invadir Nicaragua -«no he escrito sobre ello porque no tengo suficiente material»- y la repentina explosión del escándalo IránContra cambiaron completamente la situación. «Con el tiempo mi obra se confirma ... él haría las paces con Charles Manson si esto le sacase del apuro. Yo había evidenciado su mentalización para el apocalipsis, el papel de aquellos que le rodeaban y el hecho de que estaba planeando una guerra directa contra Nicaragua. Una invasión real». «En ese momento sus objetivos se tuercen a consecuencia del escándalo "Irangate" y consigue escapar por los pelos a un procesamiento. ¿Qué hacer entonces? 

Bueno, lo más dramático que uno pueda imaginarse: de repente aparece Gorbachov y de un plumazo echa por tierra la guerra fría.Reagan se agarra a ello como única salida. Por tanto, la mala suerte que sufrieron sus objetivos fue lo que le disuadió de emprender al menos una guerra seria. Pero en esta guerra que no se repetiría la aplastante victoria sobre Granada, cuando, sin saberlo, conquistamos la isla de su graciosa majestad». «Dada la ingnorancia histórica y geográfica que se cultiva en el Pentágono, nadie sabía que era una posesión de la corona inglesa lo que estábamos liberando (en este caso, de los colonos británicos). Pero de cualquier forma, ¿a quién le gusta ser un subordinado?» Toda esta conversación sobre el Pentágono y el militarismo americano me suscitó la curiosidad por saber si Vidal habría visto alguna película de Rambo. «No, pero puedo imaginarme cómo son. 

Lo que más me gusta es ver cómo los americanos vamos por el mundo perdiendo guerras, luego hacemos películas que cuentan victorias inventadas y con ellas conseguimos hacer más dinero que si hubiésemos ganado de verdad. Aquí hay que admitir que a los americanos aún les queda algo de ingenio». Gore Vidal apoya la idea de que América no ha vuelto a despertar tanta curiosidad como en los tiempos de Hollywood.

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