09 julio 2013

Le dieron demasiadas concesiones

El acuerdo «nueve más uno», suscrito en la «dacha» de Novo Ogarievo, ofrecía demasiadas concesiones territoriales, políticas y económicas a las repúblicas firmantes con respecto al Centro. Esto era intolerable para la derecha del PCUS. Los grandes logros de Gorbachov están en peligro. Tanto los éxitos internos: la libertad de expresión, el pluralismo político, el fin del liderazgo del PCUS, como los .externos: la relativa estabilidad en la Europa del Este -excepto Yugoslavia-, los acuerdos de desarme y la mismísima Guerra Fría. 

Mientras, los analistas internacionales se han vuelto locos haciendo alocadas conjeturas y previendo desastrosas consecuencias. El Comité de Emergencia está integrado por «pesos pesados» cercanos a Gorbachov. Todos son más o menos conocidos, todos más o menos golpistas. El hombre de paja se llama Guenadi Yanaev, actual presidente soviético, pero realmente son el mariscal Dimitri Yazov, ministro de Defensa, y el jefe del KGB, Vladimir Kriutchov, quienes tienen en sus manos el timón. A tenor de los acontecimientos, no se descarta ninguna posibilidad. Puede tratarse de un golpe militar. El Ejército Rojo asustado ante la debacle económica, política y social, ha decidido tomar cartas en el asunto. Su objetivo: frenar la «desastrosa» perestroika y llenar las tiendas de comestibles para ganarse a la población. Pero todo indica que en realidad es un golpe de Estado del «apparat», de la «nomenklatura», de los sectores inmovilistas, encabezados por Valentía Pavlov y sus tesis breznevianas. 

En su libro-presentación, Gorbachov definía la perestroika como «la superación de un proceso de estancamiento, la supresión del mecanismo de frenado, la creación de un sistema eficaz para acelerar el progreso económico-social y conferirle un mayor dinamismo». Ese estancamiento, ese mecanismo de frenado son los «leit motiv», las razones vitales de las corrientes más conservadoras. La perestroika pretendía acabar con ellas. Había que destruirla a toda costa, a cualquier precio. La única solución era apartar a Gorbachov aprovechando sus vacaciones en el Mar Negro. ¿Y Egor Ligachov? ¿Despertará el dinosaurio de su letargo político? ¿Se convertirá en la piedra angular de una Unión Soviética retrógrada y hostil a Occidente? A fin de cuentas tenía razón el reputado sovietólogo francés, Alexander Adler. Este es el fin del momento Gorbachov. El futuro nos depara sorpresas.

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