15 julio 2013

El ambiente familiar de Golding

Los padres de Golding vivían en una casa antigua que daba a la plaza verde del pueblo, junto al patio de la iglesia, y él mismo ha escrito, de manera intensa, sobre su descubrimiento infantil de que los cadáveres que se apilaban al otro lado de la pared exterior de su casa yacían apuntando hacia el jardín de la familia.

«Llegué a la deducción definitiva de que los muertos yacían con la cabeza debajo de nuestra pared y el resto de su cuerpo proyectándose desde su sitio hasta nuestro jardín, con los pies, y hasta las rodillas, metidas debajo de nuestro césped». 

Es un momento muy representativo de Golding y le pregunto por él. «A esa edad -me dice-, nuestro jardín era el único sitio que no estaba contaminado. Era la encarnación de la inocencia. Supongo que fue la primera vez en mi vida que me impresionó la muerte». Su barba sobresale hacia mí. Se perciben tensiones y reverberaciones en el aire. 

Nos sentamos juntos como dentro de una pequeña cápsula de hostilidad e incomodidad. Pero no me causa sorpresa. Una de las novelas más recientes de Golding, The paper men (Los hombres del papel) trataba, precisamente, de personas como yo.

El libro surgió de la irritación que le producían a Golding los estudiosos, los académicos y los periodistas literarios. Famoso en todo el mundo, se sentía atormentado e invadido por ese tipo de personas. En la novela, un famoso escritor es perseguido por un estúpido y entrometido académico estadounidense, Rick L. Tucker (la novela apenas pasa de ser una sórdida caricatura). El libro hace las veces de una carta abierta de quejas: lean ustedes esto y procuren que no les pase a ustedes. 

De hecho, Golding se muestra exultante en relación con un reciente triunfo conseguido en Francia: «mi esposa y yo estuvimos allí de vacaciones. Un fotógrafo me reconoció y se apresuró a sacar la cámara. Entonces yo me puse el sombrero, me lo calé hasta las orejas y me coloqué unas gafas oscuras. Se quedó totalmente sin saber qué hacer».

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