13 junio 2013

A falta de 1300 metros

El colombiano Alvaro Lozano, que corre con permiso y vigilancia médica por una lesión de corazón y que mañana cumple 26 años, protagonizó ayer una de las gestas más importantes de la Vuelta de este año. Una gesta estéril en su conclusión, puesto que tras marchar 221,5 kilómetros escapado le cazaron los «tiburones del sprint» cuando la pancarta de meta aparecía al final de una recta. Apenas 1.300 metros le restaban para culminar su hazaña, iniciada en el momento en que el director de carrera bajó la bandera de salida. Llegó a tener 19 minutos y 23 segundos, pero no era un hombre peligroso para la general, ubicado en el puesto 60, a 51 minutos del líder.

Le debió saber a poco el premio a la combatividad que se le concedió. Un premio bañado en las lágrimas que vertió agotado, sudoroso y decepcionado en línea de meta cuando periodistas de una emisora de radio colombiana le pusieron al habla con su madre, que seguía la carrera desde su ciudad natal de Cucutá. Alvaro Lozano entrará por méritos propios en la historia de la Vuelta. Antes que él solamente un corredor había protagonizado una escapada tan larga. Fue Luis Balagué, en la edición de 1972, con 259 kilómetros y una diferencia respecto a Lozano: él sí pudo ganar la etapa. En un caso como el de ayer es casi anecdótico dar el nombre del vencedor en la meta de Zaragoza. Será el soviétco Asiate Saitov el que entre en las estadísticas, por haberse impuesto en el sprint. 

Pero esta etapa siempre quedará ligada al nombre de Lozano. El pelotón estuvo, por una vez, tranquilo. El líder Giovannetti y todos y cada uno de los que quieren arrebatarle tal condición se tomaron un descanso para preservar las fuerzas, que van escaseando, y derrocharlas hoy en Zaragoza y mañana en la etapa de la Sierra de Madrid. El día se inició con la lentitud que aconseja la teoría tras una etapa como la de Cerler. Un colombiano se atrevía a desdecir a quienes señalan a los ciclistas sudamericanos como escaladores exclusivamente. Lozano es un especialista en el llano, y es amigo de escapadas largas. Sus ilusiones fueron creciendo desde los primeros metros. En el kilómetro 11 ya se había adelantado en dos minutos y once segundos al pelotón. En el 59, su ventaja era de doce minutos.

Atrás, la consigna de los equipos se fundamentaba en el relax y Lozano continuaba escribiendo su historia en solitario. En el kilómetro 82 llevaba dieciséis minutos y más de veinte antes de abandonar la provincia de Huesca. Su aventura se prolongaba ya durante casi 150 kilómetros, pero a 60 de la meta, con la televisión en directo, se despertaron las ansias de los sprinters. El drama estaba servido. Un drama que tendrá prolongación hoy en la decisiva contrarreloj de 40 kilómetros. Quienes tanto sestearon ayer se van a jugar la Vuelta.

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