23 abril 2013

Almodóvar buscando la perfección

A púrpura y el barro de Pedro Almodóvar -me parece- es que representa en España algo más que el mero director de cine.

Ha creado -y recreado- una estética, que siendo fina es cutre, que brillando chorrea grumos, y que plena de actualidad religa con la tradición del esperpento y los espejos deformantes. Almodóvar mezclaba a la Virgen del Rocío con la cocaína, y eso era mucho. Pues era como subrayar (entre otras cosas) que quien narraba era el papiro visual de cierta modernidad.

Y tal trilogía es la que da vida, fulgor y fuego a lo que hay que llamar ya el primer Almodóvar (el que termina con La ley del deseo): Cutrerío, postmodernidad, lentejuelas, inteligencia, artificio y sobre todo vida. Pedro Almodóvar -sapientísimo- supo amalgamar una estética personal y tradicional hispánica con cierta vida madrileña de la moda, el lumpen, el artisteo y el sexo, que él conocía a la perfección, por la razón sencilla de ser uno de sus protagonistas. Ese Almodóvar todo pasión, realismo y delineado es el que me cautivó por completo. Ya he dicho: era más que un director de cine.

Era el emblema de una vida marginal contemporánea y otro vividor atado al remo de la galera moderna. ¿Qué ha pasado desde Mujeres al borde de un ataque de nervios? ¿Qué pasa con Tacones lejanos? Pues que el realismo y la vida (sobre todo la vida) han desaparecido. Mejores o peores, estas películas no aluden a la realidad, son, llanamente, estilemas a lo Almodóvar. Cuerpo de alta comedia desencajada. 0 cuerpo de culebrón teñido en satén. Pero no hay vida.

Estas películas -y es mi preocupación- nada tienen que ver (o poco) con la realidad que Almodóvar supo encumbrar, cantar y malfamar. Hay oficio, estilo, manera (incluso manierismo) pero no hay vida presente. Sólo arquetipos de vida artificial. ¿Quiere ello decir que los papisos cuando triunfan brutalmente dejan de ser seres vivos? ¿O quiere decir -más vulgarmente- que ya no hay princesa que cantar? Almodóvar es un genio, hoy por hoy, desorientado. Pasión siempre ha tenido. ¿Qué necesita? -pensé en la fiesta de Tacones lejanos: Simplemente volver a la realidad. (Sí, pese a todo, Pedro, pese a todo, volver a la opaca realidad).

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