18 noviembre 2012

Mario Conde no pasa de moda

El presidente de Banesto y el finaniero Jacques Hachuel forman en estos momentos la pareja de moda, la más deseada y odiada tal vez porque comenzaron sus «amores» en la clandestinidad del super lujoso chalet que el primer dueño de H Capital tiene en Puerta de Hierro, sin que sus rivales se enteraran, hasta que Hachuel compró parte de las acciones de Juan Abelló y prestó su apoyo público a Conde. Eran días, aquellos, en los que el presidente de Banesto soportaba una embestida más y su otro, jefe, socio y amigo emprendía la retirada hacia los cuarteles de invierno, cansado de «pelearse» con sus antiguos compañeros.

Jacques Hachuel, el viejo pirata de Phibro y Marc Rich, con un olfato muy especial para los grandes negocios y cada vez más embarcado en nuevas aventuras que supongan riesgos, emoción y, sobre todo, dinero decidió que quería y debía conocer al ambicioso abogado del Estado que se había hecho con presidencia de Banesto y aguantaba la fuerte marejada del Golfo. Antiguos compañeros de la fenecida UCD, ahora situados a ambos lados de la pareja, hicieron de solícitas Celestinas y, una noche, Mario Conde y Fernando Garro se trasladan al chalet de Puerta de Hierro. Saludan a Marta, la tercera esposa de Hachuel, y comienza la cena. Jacques quiere saber y Mario desplega todo su encanto. Al final, se quedan solos, en un mano a mano en el que perfilan una parte del futuro, su futuro.

Vendrá, de inmediato, su acuerdo en Urbis. La constructora se va a convertir en uno de sus «barcos» para desembarcar en el gran mar especulativo del negocio inmobiliario. Después, y aprovechando la fuerza de Banesto y las acciones que posee en un buen número de sociedades, Hachuel lanzará sus misiles en busca del control en dos importantes sociedades, tal y como ya hizo en el Grupo 16 y que le hizo ganar un buen dividendo de la reventa, por un lado, y el juramento de odio eterno por parte del presidente del grupo editorial, por otro.

La presencia en España de una compañía de seguridad israelí va a ser la excusa para golpear al duo en uno de sus flancos. La consigna es clara: romper la alianza. Hachuel siempre ha sido un francotirador, multimillonario y con relaciones a lo largó y ancho de todo el mundo, pero Conde no, Conde quiere el poder aquí, en España, en disputa permanente con los que le vieron nacer, crecer y convertirse en su rival. La «guerra sucia» está servida, con fotos, datos, encuentros amorosos que se filtran a los medios de comunicación. La guerra política, también, tanto dentro del PSOE y el gobierno como dentro de la oposición. Todas las municiones sirven, y cada pedazo de terreno es defendido con uñas y dientes por aquel que lo ha conquistado. Conde ha conseguido «vivir» hasta ahora.

Y Hachuel volver a sentir en toda su plenitud el factor riesgo, tal y como lo sintió en Nigeria o en Nicaragua. Los dos saben que en las próximas elecciones no sólo está en juego el futuro gobierno, también está una parte de su futuro. Y desean y apuestan y hasta «rezan» para que el PSOE no logre la mayoría absoluta o que, por lo menos, Solchaga no permanezca al frente del Ministerio de Economía y Hacienda.

Ahora tienen más margen de maniobra y si «aguantan» hasta 1992 la victoria será suya, aunque sea con pactos, a través de unos acuerdos como los de Yalta, que dieron paso a la guerra fría. Ya no se puede aplastar al oponente, arrasar la tierra, tan sólo herirle, obligarle a sentarse y firmar. En el gran Este hay sitio para todos. Jacques Hachuel, mientras tanto, seguirá reuniéndose en Banesto con los directores generales de Conde, en el madrileño paseo de la Castellana. No tiene cargos en el Consejo, ni en el organigrama del banco, pero manda, manda mucho. Y opina, opina mucho. Y planea y define estrategias. Los años sabáticos quedaron atrás, como quedaron atrás las fiestas con orquesta de cámara y el Madrid de la «gran movida» arrastrando sus huesos entre lo más granado del arte moderno.

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