04 junio 2012

Desobedecer es la única manera de no parecer débil

Saldremos de la tormenta, los españoles confían en España. Lo ha dicho Mariano Rajoy en Sitges, escapándose como un ánima por el cuello de la camisa: «No estamos al borde de ningún precipicio». Claro que ese Mariano no es el de Año Nuevo, cuando los mercados aún no le habían pillado en mentiras y errores. 

Luego me voy a tomar café con un ex ministro del PP y me explica que éstos que ahora gobiernan son aún más tontos que los que mandaban antes. Ya puede decir Mariano misa -afirma-, España empieza a parecerse a un coro de mendigos en la puerta de un templo. Estamos perdiendo el acceso a los mercados de capital y España puede salir del euro. Vuelven las hijas de la caridad, las parroquias sustituyen al Estado del Bienestar mientras la panocha huye como un quinqui acosado por los picos. Aún no han suprimido las sillas de ruedas en los hospitales ni han reducido el rancho de los reclusos como en Grecia, pero estamos en vísperas porque nuestros soldados tienen que pagar su comida. 

Por eso -continúa- la señora Merkel llama a Rajoy y le ofrece las lanchas del rescate. Mariano se ata al timón, como si estuviera naufragando en Finisterre, donde según Camilo la mar muge igual que un escuadrón de bueyes roncos y amargos o un coro de 100 vacas pariendo. Piensa el presidente que si nos hundimos nos llevamos a todos. Éste es el gran teatralismo: ellos tienen nuestra deuda, y nuestra deuda es su manteca. El Gobierno, como la serpiente, mide su propio naufragio negándose a ser rescatado, es decir, a ser liquidado. 

El esclavo sólo se valora cuando se somete, solía manifestar el filósofo de Weimar Friedrich Nietzsche, que definió a Alemania como una bestia rubia en busca de botín y victoria, con un fondo de animal de rapiña. Hoy Alemania no ha pervertido su crueldad con el nacionalismo ni es un puesto avanzado de esclavos, pero quiere meter en vereda a los meridionales desordenados. Y como los gallegos son de la familia de los bárbaros, saben que el desobedecer es la única manera de no parecer débiles. Lo que no mata, fortalece.

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