22 mayo 2012

Como quitar una monarquía

El 13 de abril de 1930, en el Teatro Apolo de Valencia, pronunciaba don Niceto Alcalá-Zamora y Torres un discurso de enorme trascendencia en la vida política española. Su declaración de republicanismo fue el punto de partida del movimiento que al cabo de un año casi exacto desembocaría en la caída de la monarquía el 14 de abril de 1931, jornada de civismo ejemplar. La crónica de aquellos momentos que precedieron al derrumbe de la monarquía -y el exilio de Alfonso XIII- fue escrita por el propio don Niceto en sus diarios robados, 75 años desaparecidos. Aquí extractamos parte de aquel dietario como adelanto de La victoria republicana. 1930-1931. El derrumbe de la monarquía y el triunfo de una revolución pacífica, segundo volumen que La Esfera de los Libros publica de los escritos del presidente Niceto Alcalá Zamora. La primera entrega, Asalto a la República, lleva ya vendidos más de 40.000 ejemplares. Con edición de Jorge Fernández-Copel, el nuevo volumen va prologado por Stanley Payne, quien recoge así la esencia del testimonio y la figura de don Niceto. Fue sobre todo por su inquebrantable rectitud y el equilibrio legales por lo que Manuel Azaña dijo de él en el verano de 1931: «Para mí usted es la República».

Liberal de pura cepa; jurista formidable; hombre de honradez y rectitud indiscutidas; político clarividente, Alcalá-Zamora supo recoger e impulsar el fervor republicano del país y conducirlo, sin sobresaltos, al triunfo de la II República. Con él advino, con él se mantuvo y, cuando la insensatez lo depuso, con él se extinguió. Lo que sobrevino después fue la tragedia de la Guerra Civil. Antes presintió y anunció el derrumbamiento de la monarquía de Alfonso XIII. Así lo fue escribiendo en su dietario:

INVIERNO DE 1930 Las meditaciones hechas durante la dictadura se condensaron en una recapitulación retrospectiva y presente, al final del invierno de 1930. Confirmé una vez más la imposibilidad moral y material de que continuara el rey; vi que las enormes dificultades de juzgar la conducta de éste, reinando un hijo suyo, se agravaban por agotamiento dinástico, que planteaba casi la incapacidad sucesoria, principal ventaja y aún razón de ser de una monarquía hereditaria. (...) Presentí todos los estragos de una República epiléptica, efímera, destructora y estéril; o por exclusión de todas esas soluciones vi como una única posible una República de orden. (...) Habíamos entrado de lleno en la revolución que no tardaría en asaltar el poder de forma irresistible y victoriosa.

DEL 20 DE MARZO AL 14 DE ABRIL DE 1930 En esos 25 días, inclusive al final del histórico 14 de abril, saltaron nuestra suerte y nuestros destinos en transición total e insólita…

24 DE MARZO/ SALIDA DE LA CÁRCEL Los forcejeos sobre sentencia y libertad fueron vivos pero rápidos y en la tarde del 24 de marzo el consejero García Parreño nos notificaba a la vez la condena y el auto que nos permitía salir inmediatamente [de prisión]. Fue indescriptible. No sé de dónde acudió la gente. (...) Yo me vi sentado en un sillón que trajeron de un café, separado de mi coche, que me aguardaba, transportado por la gente a un taxímetro cuyo conductor se negó a cobrarme, porque según su frase, nadie, ni yo, le quitaba la suerte que había tenido. (...) En Guerra [el ministerio] hubimos de comparecer ya puestos en libertad para una notificación de mero trámite Ríos, Maura, Largo, Albornoz y yo. (...) Los soldados de guardia nos saludaron cuadrándose como si fuera ya el gobierno. Todavía quedaba otra insólita diligencia, la final de este proceso, única en su tipo, porque fue la entrada a fines de abril en el Consejo de Ministros del consejero togado ponente para comunicarnos a los 12 procesados sentenciados y rebeldes que ya éramos el Gobierno provisional, el término de la causa por amnistía consiguiente a nuestro triunfo.

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