18 febrero 2012

Odiar a otras razas es motivo de carcel

Si tenían fotos, libros e imaginería nazi de todos los colores, era «porque nos interesa mucho la Segunda Guerra Mundial», aseguraron.

Si les encontraron una pléyade de objetos de adoración a Hitler, Mussolini y demás angelitos fue porque «nos interesa mucho la militancia», dijeron.

Si uno de ellos llevaba tatuada en los nudillos la palabra «odio» era porque, en definitiva, se dedicaban al antiguo vicio de odiar.

Odiar a los de otras razas, otras ideas, otras opciones sexuales. Odiar a lo diferente.

Por eso les condenó la Audiencia Provincial de Madrid y por eso ayer ratificó el Tribunal Supremo las penas de prisión para 15 miembros de la rama española de la multinacional nazi Hammerskins.

Se trata, en definitiva, de la confirmación de la primera condena en España por el mero hecho de reunirse para odiar. Para eso y para, ilusoriamente o no, intentar implantar el IV Reich en España, como ha dado por probado el Alto Tribunal. «Es un hito, un auténtico hito... Esta noche, ¡me voy a emborrachar!», decía ayer, exultante, Esteban Ibarra, líder del Movimiento contra la Intolerancia.

Ibarra, que lleva muchos años de caminar por el desierto de la militancia antifascista, y cuyo rostro aparece en diversas dianas nazis que circulan por internet (basta teclear «Hammerskins» en Google Imágenes), se felicitaba por el desenlace de un proceso que ha durado años y que le ha exigido mucho esfuerzo.

«Nosotros sostuvimos la acusación popular y nosotros llevamos a declarar a Antonio Salas, el periodista que se infiltró en los UltraSur para escribir Diario de un skin, cuyo testimonio fue fundamental al final», explica Ibarra, cuyo empeño por concienciar a los poderes públicos en lo que se refiere al problema de la extrema derecha ha dado como fruto, por ejemplo, que haya ya fiscalías dedicadas sólo a delitos de odio en varias comunidades españolas.

«La sentencia no es sólo importante en España, es muy importante a nivel europeo, ahora mismo otros países miran a España con cierta envidia: Hammerskins es una organización implantada legalmente en muchos otros países... ¡Sólo hay que entrar en Google y comprobarlo! Ahí, en internet, es donde el Estado de Derecho está perdiendo la batalla, ahí nos ganan por goleada».

La investigación se inició en marzo de 2004, cuando agentes de la Policía intervinieron en diversos domicilios de Madrid, Barcelona, Valencia y Guadalajara en lo que se dio en llamar operación Puñal. El detonante fue, sencillamente, una imagen de varios de los ahora condenado en un acto de reivindicación del criminal nazi Rudolf Hess en el que se lucía profusa iconografía hitleriana, y la intervención policial se produjo después de varios ataques racistas en torno a la Universidad Complutense de Madrid.

Fiscalía y acusaciones comenzaron a juntar las piezas. Los conciertos de grupos de hate-rock (el rock del odio, en inglés) como Reconquista, Batallón de Castigo y Reyerta, entre otros. Revistas como El martillo y Extremo, que promovían la «supremacía blanca». Vídeos de Hitler con títulos como Las SS Sangre y Fuego y Las armas secretas de Hitler y Mussolini, así como una buena cantidad de camisetas con emblemas neonazis y con el escudo de los Hammerskin-España.

Para las defensas de los entonces imputados, la «chapucería» de la organización impedía que consiguiera los fines que se explicitan en el artículo 515.5 del Código Penal, que castiga las asociaciones lícitas que promuevan «la discriminación, el odio, la violencia contra las personas, grupos o asociaciones por razón de su ideología, religión o creencias, raza o nación y orientación sexual».

La Audiencia Provincial de Madrid estableció la primera y pionera sentencia el 24 de julio de 2009. Los que menos pena recibieron, como el jefe, José Eduardo C.H., alias Chape, se llevaron año y medio. Con tenencia ilícita de armas la pena subió a dos y medio.

Los condenados recurrieron al Supremo poniendo en duda la legalidad de registros. El Supremo primero resolvió otro caso similar, Blood and Honour, que se había sentenciado después. Ahora ha remachado lo dicho por la Audiencia: en España es delito asociarse para odiar a los que son diferentes.

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