12 marzo 2017

El futbolista Guti es un fiestero

La llegada de 2017 le trajo la fatalidad a Fatih Cakmak, el guardia de seguridad turco que custodiaba la puerta del Club Reina. Tres semanas antes, había salvado la vida en el atentado en el estadio del Besiktas de Estambul (44 asesinados en total), donde también trabajaba como vigilante. Pero el terrorismo le volvió a poner frente a una prueba a vida o muerte que esta vez no superó y murió acribillado en el Bataclan turco, una exclusiva sala de fiestas para turcos con dinero y expatriados colgada en una orilla del Bósforo. Su compañero estaba dentro: "No vi como vestía el atacante. Escuché tiros de un arma automática. Salimos corriendo. ¿Qué podía hacer?", dijo Emrah Altun a la prensa turca.


Hasta allí habían llegado desde hacía una hora 800 personas a celebrar la Nochevieja. Ciudadanos de muchas nacionalidades distintas brindaban juntos por la llegada del 2017 cuando un terrorista entró disparando su arma automática a bulto, con el objetivo de matar al mayor número posible de personas. Al final fueron 39, dejando al menos el doble de heridos. Muchos supervivientes huyeron a la carrera, otros se tiraron al mar y los menos se ocultaron bajo las mesas o en los servicios. Después se deshizo del arma y huyó a la carrera por la zona de bares.

El carnicero dejó una factura internacional: siete muertos saudíes, tres iraquíes, tres jordanos, dos indios, un tunecino, una francesa, dos libaneses, un canadiense, un sirio, un kuwaití, una israelí, un belga...

Los heridos y los muertos quedaron desparramados por el suelo de la discoteca. El futbolista turco Sefa Boydas, que juega en el modesto Beylerbeyi de Estambul, estaba dentro de la sala con su novia y explica a la agencia France-Presse: "No llegué a ver quién disparaba, pero escuché los tiros y vi a la gente correr. Mi chica llevaba tacones, así que tuve que cogerla en volandas para sacarla de allí, afirma. "No sé cómo logré huir. Pasamos por encima de los muertos". Boydas no quería ir a la fiesta de Nochevieja del Reina porque se temía algo malo: "Una pelea, alguna cosa, una bomba...". "¡Eso no puede ocurrir en un lugar como el Reina!", le convenció un amigo.

Maximilien, un turista italiano, cuenta: "Vinimos para pasar un buen rato hoy, pero todo se transformó repentinamente en caos y en una noche de horror". "La gente corría por encima de mí. Mi marido ha sido herido en tres partes de su cuerpo", asegura Sinem Uyanik al diario turco Hurriyet. "Conseguí abrirme paso y salir fuera, era terrible". Los que consiguieron salir iniciaron una espera de llamadas telefónicas desesperadas a los que habían quedado muertos o heridos en el suelo del Reina. Una mujer de unos 30 años vestida con un largo abrigo rojo permaneció fuera varias horas. "Mi hermano está dentro y he podido hablar con él. Gracias a Dios está bien. Ahora le estoy esperando".

Turquía, país bisagra entre Asia y Europa y Estado clave en la estabilidad de Oriente Próximo, ha sufrido desde junio de 2015 una oleada de ataques con más de 415 muertos en total que han lesionado su sector turístico, uno de los motores económicos del país. De esos 415 fallecidos, 152 lo fueron en diferentes partes de Estambul en seis ataques; 166 muertos en Ankara, con cuatro atentados; 50 muertos en Gaziantep en un solo ataque, otros 32 por otra acción suicida en Suruc y 15 muertos en tres atentados en Diyarbakir. La mayoría de ellos han sido reivindicados por dos autores: o yihadistas del Estado Islámico o grupos armados cercanos al Partido de los Trabajadores del Kurdistán.

Pasarela de futbolistas y actores. El Reina, con su terraza sobre el Bósforo, se encuentra en el exclusivo barrio de Ortaköy, donde viven muchos diplomáticos extranjeros. El local es uno de los favoritos de la élite del fútbol turco, del mundo de la moda así como de la élite económica y política de la ciudad.

Estrellas españolas. En la propia página web del Reina aparecen muchas fotos de famosos como reclamo, entre las que destacan la de la modelo Esther Cañadas o el futbolista Guti.

12 febrero 2017

Mariah Carey es una fracasada

¿Qué le pasa a Mariah Carey (46 años)? Tras el enorme fracaso de su última actuación en Times Square, donde fue incapaz de seguirle el ritmo a un playback que hacía agua y de apenas aguantar el equilibrio sobre unos tacones infinitos y acabó abandonando el escenario ante la atónita mirada de millones de espectadores, la diva más diva ha decidido retirarse temporalmente del foco público. "Desapareceré tanto de los escenarios como de los medios de comunicación y las redes sociales por una temporada", ha comunicado desde su perfil de Twitter. Pero, ¿cómo ha llegado hasta aquí? ¿Qué le ha llevado a tomar esta decisión? Su evidente declive puede resumirse en cinco puntos clave:


SU VOZ NO ES LA QUE ERA. Las últimas actuaciones de Mariah han estado marcadas por un uso –y abuso– del playback. Voces pregrabadas para disimular la realidad. Momentos tan importantes como la interpretación anual de su himno navideño All I want for Christmas is you han evidenciado que la cantante ya no tiene aquel chorro de voz que la convirtió en estrella. En los últimos meses, ha mejorado, sí, pero sigue sin recuperar el tono.

PROFESIONALIDAD CUESTIONADA. Entre cancelaciones de gira, retrasos en los conciertos y problemas varios que han afectado a su residencia en Las Vegas, la cantante acumula un historial de incumplimientos que no le deja en muy buen lugar. Su vida personal tampoco le ha ayudado demasiado a encontrar la estabilidad.

SIN ÉXITOS RECIENTES. Lejos quedan ya aquellos años en que cada canción que publicaba se convertía inmediatamente en un hit. Encadenó tantos éxitos que desbancó a Elvis como el artista con más números uno en la lista Billboard. Pero de aquello hace mucho tiempo. Su último trabajo, Me. I Am Mariah… The Elusive Chanteuse, ha sido el menos vendido de su carrera.

DIVA FUERA DE CONTROL. No hay en el panorama musical –y no musical– una diva más diva que Mariah Carey. Sus estilismos, sus comportamientos, sus exigencias, sus dispendios, todo lo que le rodea es puro lujo y glamour –o al menos, lo que ella entiende por glamour–. ¿Cómo no iba a estrenar su propio reality con este bagaje? Mariah’s World es ya un clásico de la televisión.

CARICATURIZADA. Su segundo marido, el cantante Nick Cannon, no dudó en señalar al entorno de la intérprete como el responsable de su alterado estado emocional. Lo mismo ha hecho Tommy Mottola, primera marido y descubridor de Carey, con quien estuvo casado cuatro años, desde 1993 hasta 1997 y que en la actualidad es el cónyuge de la mexicana Thalía, en una carta publicada por Page Six. "Mi único consejo es que debe contratar a profesionales más experimentados y respetados para rodearla y ayudarla con su carrera". Ojalá le haga caso pronto. Mariah tiene cuerda para rato. 

12 enero 2017

La echaron de miss España por su nariz

El teléfono de José Luis Fernández, el padre de la flamante Miss Universo, Stefanía, no para de sonar. La mayoría son amigos y familiares, pero también recibe llamadas de programas de televisión. Él rechaza todas las invitaciones. «Yo no soy muy farandulero, eso se lo dejo a mi mujer y a mi hija», comenta con una amplia sonrisa a LOC, en el aserradero familiar que dirige desde hace 34 años.
De pelo encanecido y rostro curtido por el inclemente sol del llano, este gallego de 54 años sólo pide un favor antes de comenzar la entrevista. «Tengo problemas con la nacionalidad española. Ni yo, ni mi mujer, ni Stefanía, ni mis otros dos hijos tienen el pasaporte español. Espero que este reportaje me ayude. ¡Yo soy español de nacimiento!».

El padre de la mujer más guapa del mundo abandonó su Vigo natal con 11 años. Sus padres, Celia y Emilio, fueron contratados para trabajar en las infraestructuras planificadas por el dictador Marcos Pérez Jiménez. Eran tiempos de miseria en España y de bonanza en Venezuela. «Yo no pude estudiar. Soy el segundo de cuatro hermanos y tenía que ayudar a mis padres para sacar adelante a toda la familia», dice este inmigrante, orgulloso de las primeras palabras de su hija como vencedora: «El próximo título que le llevaré a mi padre es el universitario», dijo desde Las Bahamas, donde se celebró el certamen la semana pasada.

José Luis se siente más venezolano que español. «Estoy muy arraigado. Aquí están todos mis amigos y mi familia, salvo sus padres, que volvieron a Galicia. El domingo se enteraban de la noticia en su casa de Saiáns (Vigo) a través de una llamada de uno de sus hijos. Los orgullosos abuelos aseguran que un canal de televisión y el Ayuntamiento se han interesado en costear un viaje de la miss a Galicia, donde la joven sólo ha estado una vez, hace 4 años.

Otros familiares de Stefanía se acercan a escuchar la entrevista. Su tía Guadalupe, alcaldesa de un municipio por el partido socialista de Hugo Chávez (PSUV), cuenta algunas anécdotas del concurso. Como los cientos de litros de agua mineral que encargaron los organizadores de Miss Venezuela para lavar su pelo. «El agua de las Bahamas le restaba brillo a su cabellera y para la final decidieron enjuagar su cabeza con agua embotellada», explica la hermana mayor de José Luis, una estrecha colaboradora de Adán Chávez, el poderoso hermano de Hugo que gobierna este estado del interior del país.

La familia habla a regañadientes de las cirugías estéticas a las que se someten las bellezas venezolanas. Como todas las misses, Stefanía, de 18 años, también tiene algún arreglo. «Sólo retocaron su nariz porque Osmel Sousa -responsable de su preparación- decía que era 'muy españoleta'; algo aguileña y con la punta hacia abajo», confiesa Guadalupe. La familia prefiere no contestar a si lleva o no implantes de silicona en el pecho.

Stefanía subió por primera vez a las pasarelas por casualidad. «Hace dos años se celebró el concurso de Miss Mérida y su madre insistió en que se presentara», confiesa el padre. «¡No, mamá! Que no quiero», decía la nueva Miss Universo. «Mátame ese sueño que yo tengo, siempre quise ser modelo», le convenció su madre Nadia Krupij, de madre ucraniana y padre polaco, que durante la II Guerra Mundial estuvieron confinados en un campo de concentración en Polonia. La suerte quiso jugarle una mala pasada a Stefanía en su debut como modelo: quedó la última en la Feria del Sol, el concurso de belleza de la zona andina de Venezuela. «Fue la única de las 12 chicas finalistas que no recibió una banda, pero ella es muy disciplinada y no tiró la toalla», recuerda su padre.

Los momentos más difíciles de esta familia de inmigrantes los vivieron hace tres años, cuando a José Luis le encañonaron y le secuestraron durante cinco días. «Me esposaron a un palo y me metieron en un diminuto refugio cerca de la frontera con Colombia. Me iban a vender a la guerrilla, pero tuve la habilidad de convencer a los secuestradores para que me dejaran libre. Y aparecí cuando ella estaba cumpliendo sus 15 años, creo que eso la marcó, porque los dos estamos muy unidos», relata.

Con su hija coronada como Miss Universo, considera que ha llegado el momento de vender su empresa y retirarse en su casa de Mérida. «Esto del concurso ha traído mucha publicidad a mi familia; tengo miedo de sufrir otro rapto», dice este orgulloso padre, que confiesa que las demás aspirantes apodaron a su hija con el nombre de la «Miss de las cinco maletas» por la cantidad de ropa y cosméticos que llevó a las Bahamas.

28 diciembre 2016

Sofia Loren ha hecho un pacto con el diablo



No hay duda de que a Sofía Loren envejecer le resulta mucho mas difícil que al resto de los mortales. Habiendo sido una de las mujeres más deseadas por una buena parte de los hombres de medio mundo, no es de extrañar esa dificultad que entraña para ella el curso natural del tiempo. Es sabido que dejó de celebrar su aniversario cuando llegó el día de sumar medio centenar de velas a la tarta. Ante este panorama, no sería de extrañar que en su casa, como en la de la Norma Desmond de El crepúsculo de los dioses, estén prohibidos los espejos. 

En efecto, ya no es aquella mujer temperamental y exuberante que gritaba a las vecinas en el patio, mientras tendía la ropa, en las inolvidables comedias napolitanas de Vittorio de Sica. Ya no luce esa poderosa espetera que enamoraba sin remisión a los personajes encarnados por Marcello Mastroianni. Pero tampoco tiene esa «percha en el escote, bajo la nuez», tan frecuente en el otoño de la belleza, de la que nos habla Enrique Santos Discépolo en su implacable tango Esta noche me emborracho. Dicen que el bisturí tiene la clave de la perennidad de aquel milagro que antaño obró la biología en el busto de la estrella. Sus admiradores lo desmienten. Ellos aún la siguen viendo jaleando la fruta en el mercado o yendo a buscar a Rusia a su marido -una creación de Mastroianni, claro- en Los girasoles (1970). Si la cámara, esa cámara a la que tanto enamorara, no se acerca mucho, las arrugas apenas se notan.

Cualquiera diría que para seguir conservando el esplendor, ha vendido su alma al diablo. La propia actriz nos descubre su secreto: «Sólo una disciplina férrea puede retardar la vejez. Para seguir siendo bellos hay que hacer muchos esfuerzos, llevar una vida sana. Me acuesto siempre temprano porque el sueño de antes de medianoche es el más importante». A buen seguro que su experiencia onírica es mucho más sosegada que las que provocaba su glorioso cuerpo entre quienes la adoraron. En los personajes que ha legado a la historia del cine la edad no cuenta. Lástima que mañana no quiera celebrar que cumple 75 años.

27 junio 2016

Principio y fin viven en el mismo relámpago

«Perteneces ya a lo profundo, al sistema respiratorio de los ángeles». Lo soltó en la vida como si fuese una premonición eterna, otro de esos arrebatos escritos que quizás sean algún día inmortales, el poeta de Álora José Antonio Padilla (1975-2009). 

Ahora este aforismo cierra el libro Colección de Olas para José Antonio Padilla, en el que 50 escritores le dedican aforismos y pequeños poemas abrazando el título del libro en el que recopiló sus aforismos un lustro antes de su prematura muerte. Ahora, ese joven de Álora al que tanta gente quería, permanece en la memoria de quienes han prestado sus letras a este volumen en su homenaje que ha editado el Centro del 27, en una edición de la antigua imprenta Sur cuidada por José Antonio Mesa Toré. 

Se presenta hoy a la 22.00 horas, en una noche de junio como aquella en la que Padilla participó en su último recital, que también tuvo lugar en el hotel Molina Lario en el marco del ciclo Versos y estrellas.
Felipe Benítez Reyes: «Las olas que por destino se van. Pero las que regresan traen siempre la misma espuma».
Álvaro García: «Descansa de su muerte en sus poemas».

José Antonio Garriga Vela: «He demorado el máximo de tiempo posible el momento de sentarme a escribirte. Quizás esperaba un milagro. No me hago a la idea de la muerte. A menudo, mi mente se ausenta para reunirse con los que ya no están. Me encuentro con ellos, viajo con ellos, sueño con ellos. Entonces regresa tu sonrisa, tu atención, tus palabras. ¿Sabes?, creo que la vida eterna de los otros se oculta en nuestro pensamiento. Ahí estas tú, José Antonio, para siempre».
Juan Bonilla: «En todas partes esta sensación de haberme presentado disfrazado a una fiesta de disfraces, que fue desconvocada sin que nadie me avisara».

Amalia Bautista: «La muerte va lanzándonos sus olas. Todos dejan un poco de sal en nuestro llanto. Y cada una se lleva un poco más de vida».
Rafael Ballesteros: «El mismo unto que te da la vida es la misma materia que te da la muerte»
Jesús Aguado: «Pasan los pájaros y escriben en el cielo tus aforismos»

Lorenzo Saval: «La muerte nunca la comprendí y quizá por eso permaneceré siempre vivo».
José Antonio Mesa Toré: «Ah, nuestra vida: ese día de sol en el que llueve».
Elena Medel: «Ahí romper de la palabra, mar de las madres últimas».

Carlos Marzal: «Tal y como nos ve el amor nunca hemos sido».
Aurora Luque: «La espuma ríe, pasa. En la entraña turquesa, memoria cristalina».
José María Lopera: «Te quebró la muerte el verso y, en alas de tu agonía, alzó tu aforismo el vuelo».

María Navarro: «El mar es un murmullo que galopa Trae entre los dientes un horizonte incierto callado, indescifrable La luz en sus espumas y golpea».
Camilo de Ory: «Coinciden los jóvenes enamoradizos y los expertos en geografía en que la belleza natural suele ser inhabitable».
Isabel Pérez Montalbán: «Porque la orfandad me ha perdido por los caminos, pieza a pieza, y lejos de ti sólo se aprende la nevada y el uso del revólver».
Francisco Ruiz Noguera: «Lía la ola en bucle arena y agua: espuma escupe el mar».

Eloy Sánchez Rosillo: «A la vez respiramos la luz y la ceniza. Principio y fin habitan en el mismo relámpago».
Juan Manuel Villalba: «En el breve milagro de ver entre el gentío al amigo querido que ha vuelto de la muerte, echándome en los brazos de un extraño que cruelmente se burla de mi gesto».

Antonio Jiménez Millán: «Cambia una letra y se convierte en tanga. Tal vez descubra las zonas censurada de la memoria infiel».
Julio César Jiménez: «Con nueve años me enroscaba a su costado. Siempre le preguntaba lo mismo. Tú que estás, por tu edad, más cerca, ¿cómo puedes dormir?»
Rafael Inglada. «Sólo calcando una ola, dicen que se la detiene».
José Luis González Vera: «El azar queda lejos. La tarde confabula adjetivos que enhebren tu nombre, José Antonio, en aquella alegría».
David Leo García: «En ti comienzo cuando en mí terminas».

Francisco Fortuny: «Pública hembra es la fama: se va con cualquiera. No serviré: lo que quiero es estar en la gloria».
Ignacio Elguero: «Una palabra se escapa de la vida, mas permanece».
Raúl Díaz Rosales: «Como la ebriedad de los dioses, el gesto último de su desmesura al explotar en belleza ante paganos: así tú, abriendo la frontera de tu cuerpo a mi mañana. Aprendo a crecer en el deseo».

Francisco Cumpián: «Respira el pan con el vino nocturno y la hogaza que tomo vuelve al monte conmigo».
Guillermo Busutil: «Se fue a favor del tiempo, surfeando la poesía. En la mar, la bien cercada, sin completar su edad».
El libro 'Colección de olas para José Antonio Padilla' se presenta esta noche
Ha sido editado en su homenaje por el Centro del 27 en la antigua imprenta Sur
En él sus amigos responden a los aforismos que agrupó en 'Colección de olas'.

20 junio 2016

Yo quisiera ser civilizado como los animales

La historia del Paraíso no termina cuando Adán y Eva son expulsados de él. Al contrario. Edén y humanidad son conceptos incompatibles. El hombre es un demonio. Los animales son ángeles. En el Arca de Noé sobraban el capitán y su familia. 

¿Cómo sería hoy el mundo si al descender las aguas ningún bípedo implume hubiera descendido por la pasarela de la embarcación? La historia del Paraíso terminó cuando nuestros padres, acatando órdenes venidas del Primer Reich, el del Sinaí, crecieron y se reprodujeron. 

Un restaurante de Phoenix ha incluido en la carta hamburguesas de león «para comensales aventureros» (sic) rindiendo así honores, según ellos, a la ubicación africana del campeonato mundial de fútbol. Veintiún dólares cuesta esa delicia nazi. 

¡Si serán idiotas! La ocurrencia les ha valido, de momento, centenares de correos electrónicos enviados por los defensores de los animales y una amenaza de bomba. Cuenten conmigo para encender la mecha. Lobo soy, aunque sólo lo sea para el hombre. En Agadir han vuelto a dar la nota los nipones, los noruegos y los islandeses, empedernidos cazadores de cetáceos. No aceptan la moratoria propuesta por la Comisión Ballenera Internacional. Quieren seguir clavando sus arpones en el lomo de los animales que salvaron a Jonás. 

Melville cometió la misma equivocación de Yavé en el Paraíso. No era Moby Dick el diablo, sino Acab. El 3 de julio estrenan, por fin, en Japón el documental (The Cove) sobre la espeluznante matanza de delfines que año tras año se perpetra en la minúscula ciudad portuaria de Taiji, cuyas aguas tiñe de rojo la sangre de veintitrés mil piezas traicioneramente conducidas a una trampa letal. El estreno de esa película que encoge el alma, previsto para el 23 de junio, tuvo que posponerse por amenazas de la extrema derecha, que la considera un ultraje inferido por los extranjeros a la cultura del Mikado. 

Quienes llegan a Taiji se topan, a modo de nauseabunda bienvenida, con la estatua sonriente de un delfín. No cabe mayor cinismo. ¿Se imaginan lo que sería plantar una efigie de Hitler acariciando a un niño judío frente a la entrada de Auschwitz? Business is business. 

La carne podrida de esos delfines, chorreante de mercurio, se vende barata en los supermercados y forma parte del almuerzo servido en las escuelas. The horror! The horror! El que me inspiran los hombres. Yo quisiera navegar sin ver manchas de sangre en los mares. Yo querría ser civilizado como los animales.

13 junio 2016

Repercusiones de las huelgas

Los mayores perjudicados por la huelga de Metro fueron ayer los trabajadores de a pie, que no tienen seguro su puesto y que, muy probablemente, ganan bastante menos que muchos de los empleados del Metro. 

Muchos de estos usuarios ayer no tenían tan claro que sus jefes no les descontaran las horas o el día por el retraso o ausencia a causa de la huelga del suburbano.

Jose está en el paro y tenía un juicio ayer a las 10 de la mañana. Demandó a su ex jefe por malos rollos en el trabajo. Pero él no vive en el centro, y aunque fue de los que madrugó, había tardado dos horas para llegar a la capital desde el municipio de Arganda del Rey. Eran las 11 y aún le faltaba coger otro autobús para llegar al juzgado de lo laboral. «Todavía estoy peleando para que mi jefe me pague y encima tendré que llegar tarde al juicio y no podré cobrar», se lamentaba.

Ricardo es socorrista de piscinas en Mirasierra. Estaba apurado esperando el autobús. «Yo tengo la llave y no se abrirá hasta que llegue; como el jefe se enfade, no sé qué me hará, aunque creo que lo entenderá», dijo. Mientras hablaba, miraba el reloj. En ese momento ya llevaba más de una hora de retraso. Y todavía tenía que atravesar Madrid.

Álex, obrero de la construcción en Ciudad de los Ángeles, llegaba a Conde de Casal desde Rivas. Tenía que estar a las 9 de la mañana y eran las 11. «Aunque yo creo que mi jefe tiene que entender que no es culpa mía y no me echará», dijo.

Ricardo y Minerva, cocineros, estaban en la misma situación. Él trabaja en un restaurante más allá de Cibeles y venía desde Mejorada del Campo. Ella, en un bar en Atocha. «Hoy la comida se hace sola», decía Minerva. «Pues no sé a qué hora podremos llegar», afirmaba, mientras se acercaba el 14 en la plaza Conde de Casal. La fila para subir al autobús daba vueltas a toda la explanada y Minerva no tenía claro si conseguiría subir en el que llegaba.