15 octubre 2017

La madre de la Pantoja es una gitana de las del moño

Lo dice doña Ana María -para el couché, la mamá de la Pantoja; todas las pantojas tienen mamá, no falla- en Semana: «Es bueno volver la mirada hacia atrás para ver lo que has dejado en el camino». Qué palabras éstas tan inoportunas, las de doña Ana; qué sabrá ella, pobrecilla. No parece que ésa sea la consigna, que nadie quiere, en estos tiempos, convertirse en estatua de sal por mirar hacia atrás. Que de lejos sólo se puede ver y admirar -ay, quién pudiera acercarse- el cuerpo de Charo López, que te lo confiesa en Interviú: «De mi cuerpo sé que tengo un lejos bueno». Qué hermosura de álbum en blanco y negro -es tan cutre el color cárnico de Interviú, que lo auténtico, para diferenciarse, debe ir en gris- nos ofrece la revista esta semana y qué sobriedad la del titular -«...tengo un lejos bueno»- y qué precisión. 


De lejos sólo se puede ver a Charo López; nada más hay detrás de esta sociedad que se escandaliza -moderadamente, o sea los plumíferos de la semana, que ya está yendo la policía municipal a preguntar a los conserjes y porteros si el plumífero del segundo izquierda arma broncas con los vecinos, que ya se sabe que se empieza inundando al vecino de abajo por un descuido y se acaba metiéndose con el poder- porque Felipe González se haya olvidado de la letra de «La Internacional». El único que lo entiende es el viejo sindicalista, Marcelino Camacho, que lo declara en Tribuna: «A Felipe se le ha olvidado la letra de "La Internacional" porque no la aprendió bien de entrada». Lo raro es que no se la recordaran ese par de conversos -la calificación, o la precisión, es de Tiempo- conocidos como Curiel y Sanroma -ay, «camarada Intxausti», biografiado por Pedro Calvo Hernando, cuánto papel mojado llevamos a nuestras espaldas, ¿no?, que salen en todas las fotos del 32 Congreso. Aunque Guerra sí tiene quien le escriba -Marín Prieto, en Tiempo, pues también es necesario esbozar la otra cara, qué no haría Alfredo Fraile con el partido en el poder, que anda en el tiro al plato de todas las semanales «serias». 

Alfredo Fraile, un lince -dicen- para estas cosas de la imagen, envía su «poética» a Cambio 16 («...quisiera aclarar que nunca desde esta oficina se ha dicho ninguna mentira...») y deja que sus frutos cuajen en los escaparates de las revistas de esta semana, que pocas cosas hay más hermosas que conjugar amistad y profesionalidad. Lo apunta Carmen Rigalt, en Tiempo: «Fraile, hábil, conciliador, listo, logró convertir a su amigo en el recluso más famoso del país». El reclusoamigo es, claro está, Carlos Goyanes, que sigue enredado en la tela de araña de la justicia, según los reporteros de Cambio 16, pero que viste a toda la familia -él, la mujer y sus dos rubias y angelicales niñas- de ropa vaquera para recibir a la Prensa en la finca toledana de -claro- Alfredo Fraile: El juez Garzón dirá lo que tenga que decir pero este hombre que se confiesa en Diez Minutos («Decoré la celda con fotos de mis hijas»), en Semana («El sufrimiento de mi mujer y de mis hijas estos meses es lo peor de todo»), en Lecturas («Me siento un hombre nuevo» y sueña con una nueva paternidad), en Interviú («Garzón y yo somos víctimas de Portabales») y en Panorama («Me gustaría decirle a Garzón que no se puede meter en la cárcel a nadie sin indicios»); este hombre, pienso, se merece una prueba de confianza (Fraile, desde luego, conoce su trabajo). 

Fraile, sin duda, le ha dejado hablar a Goyanes, pero ha cuidado en especial que tenga buen color el reportaje gráfico, que lo que importa es la imagen: líricos se ponen en Diez Minutos con eso de que «una imagen vale más que mil palabras», y en París, por eso, retratan «el otoño de los Rossi», que en París está Carmencita, la nieta preferida de su abuelo -atuvo alguna vez un abuelo esta Carmencita?-, casada con un anticuario -a Moncho Alpuente, en Tiempo, no le parece casual que la nieta de Carmen Polo, conocida por sus aficiones, se matrimoniara, por segunda vez, qué le vamos a hacer, son los tiempos éstos, con un anticuario-; Carmen parece triste y melancólica, aunque, en Lecturas y en Semana, le visitara su hijo Luis Alfonso. Ya nada es como antes, ni Felipe González recuerda los versos más vibrantes de «La Internacional» ni los Franco son los Franco, aunque hayan pasado quince años y ellos, según Tiempo, hayan despilfarrado la gran fortuna: ellos, Carmen Franco y el marqués, Francis y la Rossi

Aquella noche tan larga sólo es película, película de García Sánchez, que quiere ir a Berlín, al Festival, según cuenta Tribuna, que ya valora al Caudillo para nada; ella ni nadie, salvo Tiempo (y con la revista, Umbral, Vázquez Montalbán y Moncho Alpuente, tres «rojos» de mucho cuidado, que le están escribiendo al Caudillo sus cartas sin sello; a una carta dirigida a Franco, ponerle un sello de Franco es redundante e inoportuno, eso no lo hace ni Vizcaíno). Tribuna dedica sus pesquisas a advertir de las maniobras existentes para romper la relación del Príncipe con Isabel Sartorius (en Tiempo se comenta que la madre y la hermana de Isabel están siendo investigadas en el mismo narcopaquete de Garzón), mientras Hola, más institucional, rehuye toda evocación nostálgica y nos recuerda que hace quince años, un 22 de noviembre fue coronado Rey don Juan Carlos, y que a su lado estaba, escuchándolo todo con esa seriedad que tienen los angelotes rubios, el príncipe Felipe, que hoy ya ha rebasado el listón con creces de la media nacional. Hola nos recuerda, sí, dónde estaba don Felipe hace quince años, pero ¿y los demás? Dónde iban a estar: mirando hacia adelante, hacia el 92, que nadie quiere convertirse en estatua de sal, que mejor será preguntarse, en Lecturas, cuál es el secreto de la eterna juventud de Isabel Preysler (en Semana no quiere que Miguel vuelva a la política y en Panorama quiere vender la «Torre Picasso»), que todo lo demás es accesorio. ¿A qué extrañarse, pues de que Felipe González haya olvidado la letra de «La Internacional»? La letra y la música, a ver, como todo, y el que esté libre de pecado, que mire hacia atrás, con la mamá de la Pantoja.

12 octubre 2017

Julia Roberts en Pretty Woman

El ciclón Pretry woman arrasa nuestras costas. Antiguamente, los de siempre, sin aspavientos sabían perfectamente cómo mondar un langostino -o sea mondar una naranja, pelar un langostino- pertrechados con los correspondientes cubiertos. 

Pero como el acceso a la mesa de mantel de hilo está cada vez más concurrido, y para que no le ocurra al interesado lo que le ocurría a Julia Roberts en Pretty woman, que no sabía si el artilugio para comer caracoles se lo había olvidado sobre la mesa un ginecólogo o un dentista, hay dos cadenas, los domingos por la tarde, a esa hora blanda de las cinco y pico, que se han propuesto, filantrópicamente, enseñar buenas costumbres al que no las tiene. El programa de Antena 3, Ricos y famosos es menos didáctico y más exhibicionista. Te mete -como las revistas de decoración- en casa de los famosos, te deja curiosear por las habitaciones, sin miedo a que le desordenes -con tus groseras maneras- una chuchería innovadoramente colocada por Pascua Ortega (es un suponer). 


Te da la oportunidad, también, y es mucho de agradecer, que Carmen Rossi, Carmencita, con esa voz tan personalmente cazallera que tiene, se te asome desde el probador de Nina Ricci y te pase la lencería fina de la casa parisiense (que no es, desde luego, la de andar por casa, de la casa de María Teresa Campos). Pero más que del programa que conduce, como una esfinge hermosa, Lola Forner (qué diferencia con Lydia Bosch, que cuando sonreía parecía que inundaba de luz una iglesia románica de pueblo castellano), quisiera hablar de la más increíble media hora que uno tiene la oportunidad de ver en las parrillas televisivas. Me refiero a Las buenas costumbres, que presenta Emilio Gutiérrez Caba para Telemadrid. 

El guión es de un tal Locus Motio -que supongo no estará al día en el pago de las cuotas de la Asociación Colegial de Escritores- y es totalmente surrealista, y está interpretado surrealistamente total por un cuadro de actores, que vamos, nada que ver con el de Radio Madrid. El ejercicio práctico, hace un par de semanas, fue cómo comportarse en tina recepción oficial, en una embajada concretamente. Lo increíble es que los consejos del «enteradillo» iban en serio; si le hubiera insinuado, por lo menos, que es de mala educación dejar caer por el sumidero pectoral de la señora embajadora los restos desganados de una gamba a la gabardina, pues eso, que nos hubieramos reído y a lo mejor, burla, burlando, hubiéramos aprendido algo. Pero es que hacer un programa así, en serio, resulta -pienso- de lo más ridículo. Increíble. Entiendo que hay muchas horas de programación y no excesivo ingenio, pero Las buenas costumbres rizan el rizo.

09 octubre 2017

Carmen la ópera más conocida

Carmen era la ópera estrella de la presente edición del Festival de Munich; la más esperada entre las quince que componen una programación a la que se añaden ballet, conciertos y recitales. Además, es la última producción del teatro antes de su cierre por todo un año a fin de cambiar la técnica del escenario. Las puertas se volverán a abrir para el próximo festival, estrenándose la nueva maquinaria con tres producciones y poco después, para la temporada 9394, se incorporará la nueva dirección. Wolfgang Sawallisch abandonará el cargo de director general musical, que ha venido desempeñando durante más de 20 años, para colocarse al frente de la Orquesta de Filadelfia, sucediendo a Ricardo Mutti. Su actual cargo se dividirá entonces en dos: un intendente -Peter Jonas, de la Opera Nacional Inglesay un director principal -Peter Schneidert- que deberán abordar una renovación que el público espera con escepticismo. Y Carmen nació estrellada. Su protagonista, Agnes Baltsa, comenzó a sentirse incómoda con la producción y sus compañeros de reparto.


Su Don José -el fortachón Thomas Mosser- no le seducía nada y menos tener que mostrarse sensual con él e incluso desnudarle en la escena de la taberna y mucho menos casi dejarse violar sobre el asiento del coche en el que llega a la plaza de toros el torero Escamillo en el último acto. Con esa típica astucia de gitana mediterránea se las apañó para comerle la moral al punto que Mosser decidió dejar para mejor ocasión su debut en un papel para el que la Carmencita le había convencido de estar verde. Pero la Baltsa siguió encontrando y creando problemas y siete días antes del estreno decidió poner pies en polvorosa. 

Presentó un certificado médico, hizo las maletas y se fue a cantar la habanera a Zurich por las mismas fechas, corneando no ya a Don José sino a toda la ópera de Munich. Apúntese ahora como desagravio que no es extraño que se sintiera incómoda en esta Carmen, absolutamente tradicional pero plagada de esas típicas tonterías que comete un responsable escénico -Lina Wertmüller- que no ha estudiado en profundidad ni el texto ni la música de la obra de Bizet y, sin fuerzas para entrar en el vanguardismo, trata de ser original a base de detalles absurdos.

06 octubre 2017

Los Borbones y las corbatas

El Retiro muestra el mayor escaparate literario de España: la Feria del Libro más grande, más infantil y más electoral de los últimos años. Durante 17 días (los mismos que dura la campaña electoral), en el parque madrileño abundan tanto las hojas de papel como las de los árboles. Y, un año más, la ya tradicional presencia de la Casa Real convirtió la también tradicional inauguración de la feria en un acto lúdico-cultural que congregó a decenas de medios de comunicación. Esta edición, la 58, les tocó el turno a los Duques de Lugo.

Ayer, a las 12.00, la infanta Elena y don Jaime de Marichalar (acompañados por un nutrido cortejo donde figuraban el ministro de Educación y Cultura, Mariano Rajoy, y el alcalde de Madrid, José María Alvarez del Manzano) comenzaron a recorrer las 466 casetas de la feria (ocho más que en la anterior). Tardaron dos horas. Si en estas dos semanas y media les siguen más de dos millones y medio de personas, batirán la marca del año pasado, cuando se vendieron 444.143 libros, que costaron 1.100 millones de pesetas.


Y, habría que añadir, el principal beneficiado del paseo ducal fue Felipe Juan Froilán de Todos los Santos, primer nieto del Rey Juan Carlos y tercero en la línea de sucesión al trono. Un bebé que no sabe leer -aún no ha cumplido el año- pero que desde ayer cuenta con biblioteca propia.
Porque, durante el trayecto por las casetas, los Duques se hicieron -en algunos casos los compraron, en otros los libreros se los regalaron- con volúmenes infantiles de todo tipo. Desde una aventura de Julio Verne hasta los cuentos de los hermanos Grimm, pasando por una Biblia para niños, un libro con sonajero, una antología poética recomendada para los más pequeños lectores, El Madrid de los peques («la guía más completa para vivir con niños en Madrid»), Recuerdos de mis abuelos, novela de Bernardo Atxaga protagonizada por el perro Bambulo, y El príncipe Pedro y el osito de peluche, principesco libro regalado por el ministro Rajoy.

Aunque los duques también salieron de El Retiro con libros para adultos. Por ejemplo, nada más cortar la cinta que daba el acto por inaugurado, la presidenta de la feria, Sonsoles Silvela, los obsequió con un facsímil de una obra de 1769 sobre lecciones de doma y monta de caballo. Y después, al iniciar el recorrido por el Paseo de Coches, en la primera escala (la caseta de Rubiños, donde se puede leer que se trata de «la librería más antigua de España») les dieron dos obras sobre los animales, la literatura y la vida madrileña, además de las últimas obras de Miguel Delibes y Antonio Gala.

La comitiva inaugural no pudo saludar al novelista andaluz, ni tampoco a la mayoría de los dos centenares de autores que firmarán ejemplares de sus obras en la feria. Muchos de los escritores comenzaron a ocupar sus puestos en las casetas ayer por la tarde. Por ejemplo, en la caseta de Leer firmaron Lourdes Ortiz y Juan Manuel de Prada. Aunque los duques se encontraron con algunos autores, como Juan Luis Arsuaga (autor del libro sobre Atapuerca El collar del Neandertal) y la ex ministra Carmen Alborch. Y como otra política, Cristina Almeida, candidata socialista a presidir la Comunidad de Madrid, quien pronto se separó de la comitiva y, en vez de firmar autógrafos, escribía: «El futuro se llama mujer, aprovéchalo». ¿Votando quizá?

Después, la Infanta hojeó un libro familiar, éste que le ofrecieron en la Librería San Martín: Cara íntima de los Borbones, y el Duque se interesó por el libro Arte de ponerse la corbata. Ambos visitaron la caseta de la UNESCO donde quien quiera puede donar libros para los damnificados por los huracanes Georges y Mitch, el pabellón del Libro Hispano-Francés (una de las novedades de este año) y la exposición del libro electrónico, donde recibieron los CD-Rom Obras maestras de Velázquez y Desastres provocados por el hombre.

Después de que los Duques terminasen el paseo, Mariano Rajoy declaró: «La feria es una fiesta colosal de libros». El ministro recomendó a todo el mundo que la visite y que lea «para divertirse y para informarse». También indicó que la industria del libro tiene un gran valor cultural, y que factura casi medio billón de pesetas al año, «lo cual no es una broma».
Quien sí bromeó fue José María Alvarez del Manzano. Preguntado por si había aprovechado para hacer campaña, el cabeza de lista del PP para el Ayuntamiento de Madrid contestó: «Dentro de cada libro he metido una papeleta mía. No creo que se note, pero cuando los lectores los abran se encontrarán conmigo».

Las estrellas de la feria, además de los libros, son los autores. Este año, los organizadores (el Gremio de Libreros, la Asociación de Editores de Madrid y la Federación de Asociaciones Nacionales de Distribuidores de Ediciones) han decidido homenajear a seis de ellos: el historiador Manuel Fernández Alvarez, el Nobel de Literatura José Saramago, el periodista José María Carrascal, el dibujante Francisco Ibáñez, la poetisa Gloria Fuertes -a título póstumo- y el columnista y escritor Francisco Umbral.

Además se va a celebrar una treintena de actos en el pabellón de encuentros culturales. Por ejemplo: ayer hubo una mesa redonda sobre periodismo y literatura; hoy un recital de poesía amorosa; mañana un coloquio con Alfonso Ussía.
También pasarán por El Retiro hacedores de libros de todos los tipos. Desde periodistas del corazón como el marciano Boris Izaguirre o el tombolero Angel Antonio Herrera, hasta ex políticos como Miguel Angel Rodríguez y Santiago Carrillo, pasando por escritores de todas las condiciones: minoritarios y superventas; poetas, ensayistas y novelistas.

Los aspirantes a firmar en próximas ediciones pueden participar en dos premios. El de poesía para originales no inferiores a 500 versos ni superiores a 1.000, dotado con un millón de pesetas, que será convocado el 22 de octubre. Y el Concurso Open de Relatos que organiza Plaza  Janés.
En esta edición hay otras novedades: un pabellón del Libro Hispano-Francés, unos stands en los se promociona la literatura de los países nórdicos y un contenedor donde se recogen libros para Centroamérica.

03 octubre 2017

Lady Di era una inestable

No pueden tener pasado.- Cuando el rey Carlos Gustavo de Suecia se prometió a la azafata alemana Silvia Sommerlath , el Palacio Real de Estocolmo mantuvo el romance en secreto. La Corte se negó a hacer comentario alguno pero, en realidad, desarrollaba una gran actividad sobre la joven sin que nadie, incluida Silvia, se enterara. De una forma muy discreta, se estaba investigando todo sobre su vida, sobre su familia actual, incluso, sus antepasados, amistades, hobbies, enfermedades, accidentes e incidentes, vicios y virtudes. Se hacía por la sencilla razón de que un futuro miembro de una familia real, más cuando se trata de una futura reina o, como en el caso de Suecia, una joven que iba a convertirse en reina desde el mismo momento de su matrimonio, no puede tener pasado. Por la sencilla razón de que el pasado siempre es presente.

Sorprende que la Casa Real Británica no investigara en su día el pasado familiar de la inestable Diana, ni el de la impresentable Sarah Ferguson que había tenido incluso un amante, Paddy Macnally, con el que vivió un tórrido romance hasta poco antes de conocer al Príncipe Andrés , a quien invitó a la fiesta de despedida de soltera, la muy desvergonzada.


Tampoco parece que se haya investigado la vida de Sophie Rhys-Jones , muchacha, al parecer, ligera de cascos. No es la primera fotografía que se publica de ella, en actitud, cuando menos, sorprendente. Hace un par de meses, los periódicos británicos recogían la imagen de una Sophie desnuda en la cama, recibiendo masajes de un amigo. Y, ahora, el Reino Unido entero y medio mundo conoce ya la teta izquierda de la futura nuera de la Reina, teta al aire cuando retoza en el interior de un coche durante unas vacaciones en España. Cierto es que, como ha dicho el Palacio de Buckingham, «la foto no es de interés público» pero sí de pública curiosidad. Como en su día fueron los pechos de Carolina en la cubierta de un yate junto al impresentable Philippe Junot o, más reciente, el pene del conde Lequio.

Todo esto explica y justifica que el Príncipe Felipe , nuestro futuro Rey, se esté tomando tranquilamente el tema del casorio. Es preferible un heredero soltero o solterón que malcasado con joven de pasado desconocido o incierto. No olvidemos que la esposa del hoy Príncipe será mañana la Reina. Y una soberana no puede tener pasado. Como no lo tiene Doña Sofía . Y, mucho menos, las tetas al aire. Ni tan siquiera una.

Un friolero en Nueva York.- Pasó el verano. Pasó el invierno. Estamos al final de la primavera. Y llegará de nuevo otro verano. Pero será difícil olvidar el de 1998, uno de los más calurosos del siglo, aunque viendo, como todo el mundo vio, a Jaime Marichalar el día del nacimiento de Froilán con chaleco y americana, nadie lo diría. Ignoro si el Duque consorte, que no duque, es un hombre de sangre fría como los ofidios o es que el chaleco es su segunda piel. Porque de tal guisa ha aparecido esta semana, espectador de un partido de tenis, acompañando a sus cuñados Cristina e Iñaki de veraniego atuendo. No era para menos. La temperatura superaba los 30 grados.

Pero lo más curioso sucedió recientemente en un viaje a Nueva York en cuyo vuelo coincidió con Felipe González . Al observar el ex presidente que, a la llegada al aeropuerto Kennedy (35 grados a la sombra), el marido de la Infanta lo hacía envuelto en esa gigantesca bufanda de seda y cachemira (300.000 pesetas), no pudo menos que advertirle, con la repajolera gracia que Dios le ha dado: «Musho me temo que te vas a asar con lo que está cayendo». Y ni por esas Don Jaime se desprendió del falso chatou que además de snob y elegante abriga musho, musho.

Chssss...
¿Quién es esa o ese intermediaria/o que, bajo cuerda y sin que la dirección lo supiera, ha cobrado a una famosa viuda (que no es) 140.000 dólares (unos 22 millones de pesetas) por sacarla en la revista del hijo de Sánchez? Dicen que la muchacha es hija de padre español, diplomático él, y de madre alemana. La identidad podría ser desvelada en este mes. Es un rumor. Pero alguna vez tendrá que ser.

30 septiembre 2017

Chabeli Iglesias es pura contradicción

Terminado mi año sabático, que he dedicado casi íntegro a cuidarme el cutis, me presenté a mediados de julio en una Empresa de Empleo Temporal y me apunté para lo que saliera.
-Ahora, lo que más sale es para la hostelería, sobre todo en la costa -me dijo la señorita con pinta de negrera que me atendió.

Yo le dije que la costa es ideal y que, de hecho, había tenido un sueño en el que me veía en una isla, en una mansión de medio pelo (y que me perdonase la contradicción, pero los sueños son menos coherentes que Chabeli Iglesias) aunque con mucho empaque, en un Club Náutico llenito de pamelas, en un yate también abarrotado de pamelas, y con un novio guardaespaldas. La negra me dijo:

-Bonita, si tienes esas pretensiones, mejor le dices a Jesús Gil que te busque un apaño con alguno de la mafia.


Pero, a los 10 días, tuvo que tragarse su impertinencia. Me llamó excitadísima. Me comunicó que había una oferta top secret. Me preguntó si soy políglota, y yo le dije que políglota vocacional. Me indicó que debía volar a Palma sin demora alguna, pero le hice ver que la demora no dependería de mí, sino de Barajas. Seguí a rajatabla sus instrucciones, y en el aeropuerto de Palma me esperaba un coche regio con regio chófer que me condujo, veloz, a Marivent, residencia veraniega de Sus Majestades y familia. Un señor con bigotes, que al principio confundí con Miguel de la Quadra Salcedo, me recibió en un discreto despacho y me dijo:

-Soy Fernando Almansa, jefe de la Casa de Su Majestad. Lo que necesitamos con urgencia es una nurse para el pequeño Felipe Juan Froilán de Todos los Santos, que ya empieza a decir sus primeras palabras. ¿Tiene usted aptitudes para nurse?

-Ay, mi don Fernando -le dije yo, muy emocionada-, qué ilusión... Yo soy una nurse nata.
Dado que el sueldo tampoco es como para tirar cohetes (sueldo de empresa de empleo temporal, imagínense), fui contratada al instante. Y me incorporé a mi nuevo trabajo ayer. Esta vez fui conducida sin retrasos al cuartito de juegos de mi don Froilán. Mi don Froilán estaba haciendo zapping y, cuando yo entré, en el televisor salía Bambi. Yo dije:
-¡Bambi!, qué bonito... -pero mi don Froilán zapeó sin contemplaciones y dijo, con mucho carácter:
-Bambi, no, ¡Potemkin!

Lo entendí perfectamente, y aún me dura el shock. Porque, ¿de dónde saco yo una copia de El acorazado Potemkin para darle gusto a mi don Froilán? Y, sobre todo, ¿cómo les digo a Sus Majestades que me parece que el nieto les ha salido bolchevique?

27 septiembre 2017

Marichalar el yerno discreto

Ha sido la semana grande de Jaime de Marichalar. Al duque de Lugo le sonríe la fortuna. Ascendido en su trabajo, el Crédit Suisse -uno de los principales grupos financieros del mundo- acaba de nombrarle presidente de la Fundación Winterthur y el viernes hizo abuelos a los Reyes. A sus 35 años, el yerno de Don Juan Carlos es un banquero de postín. Y el padre de Felipe Juan Froilán de Todos los Santos.

Eran las dos de la tarde del jueves cuando una furgoneta gris metalizada introducía al Duque de Lugo en la Clínica Ruber Internacional de Madrid. Jaime de Marichalar prefirió no conducir ese día su Jaguar azul. Le esperaban en el paritorio. Cuando, doce horas más tarde, apareció con una copa de cava en las manos para anunciar el feliz nacimiento de Felipe Juan Froilán de Todos los Santos, él ya era padre y los Reyes de España, abuelos. Los Marichalar, uno de cuyos miembros -Luis de Marichalar y Monreal, vizconde de Eza- había llegado a ser ministro de Alfonso XIII, han entrado para siempre en el árbol genealógico de los Borbones. El fervor monárquico de la familia está esculpido en piedra en su escudo de armas: «Fidele Deo, Regi et Patrie», que traducido significa «Fidelidad a Dios, al Rey y a la Patria».


Pero ha sido el nieto del vizconde el que ha sellado para siempre la alianza, con sangre de su misma sangre. Tanto es así que hoy es un Marichalar, el recién nacido, el que ocupa el tercer lugar -por detrás del Príncipe Felipe y la Infanta Elena, su madre- en la línea sucesoria al trono de España. El pequeño De Marichalar y de Borbón, 3,60 kilos y 52 centímetros, nació por cesárea de madrugada. «Lo he cogido en brazos. Primero he sentido miedo; luego, mucho orgullo», no pudo dejar de decir su padre.

Todo comenzó en París. Desde aquel 1987 en que conoció a su futura esposa, la vida del entonces broker -trabajaba en gestión de riesgos en la financiera BGA- ha sido una carrera por etapas llena de satisfacciones. Días antes de cruzar el umbral de la paternidad, Marichalar, duque de Lugo desde su boda con doña Elena en Sevilla, fue nombrado presidente de una fundación con vocación de mecenazgo cultural.

Feliz en lo personal, estimadísimo en lo familiar y aupadísimo en lo profesional, el yerno más alto -mide 1,98 metros, un centímetro más que Iñaki Urdangarín- de Don Juan Carlos se apresta ahora al relumbrón social, seriamente. Esta ha sido su semana. La semana de Marichalar.
Dicen que no había banquero de renombre que no le quisiera tener en su nómina, para dar lustre. Y dicen también que los rumores, tiempo atrás, de su posible fichaje por una entidad española puso más que nervioso al soberano, quien siempre prefirió a su yerno al frente de una fundación. El ejemplo que seguir sería el del ginecólogo Carlos Zurita, consorte de la Infanta doña Margarita, la hermana menor del Rey, y presidente de dos fundaciones: la del Ducado de Soria y la de Amigos del Prado. Por todo ello, la carrera de Marichalar tenía los plazos marcados.

Tardó ocho años, los dos últimos de noviazgo oficial, en casarse con la Infanta Elena, a la que conoció en París en 1987. Esperó tres, después de su boda, para que la empresa en la que trabajaba desde 1994 y trabaja aún, el grupo bancario Credit Suisse, le nombrara director gerente de una de sus filiales y le mandara con despacho a Madrid. Otros tantos en dar a los Reyes su primer nieto. Felipe Juan Froilán de Todos los Santos de Marichalar y de Borbón inaugura la undécima generación con derecho a la sucesión directa de la Casa de Borbón en España. La dinastía comenzó aquí en 1700 por Felipe V, nieto del francés Luis XIV, el Rey Sol.

Junto a las fotografías de su estrenada paternidad, Jaime de Marichalar posó esta semana para dar solemnidad pública a su nuevo cargo en la Fundación Winterthur. El presidente aparece en el despacho que desde febrero -antes trabajaba en las oficinas de París, ciudad donde vivía desde 1986- ocupa en el paseo de Recoletos, donde Credit Suisse tiene su sede en Madrid. La fotografía no engaña. Jaime de Marichalar es la formalidad hecha persona. Las manos -impecables los puños de la camisa cogidos con gemelos- sobre una mesa sobria y pulcra, regalo de bodas que el conde ha querido llevarse a su despacho. Fuera de la imagen quedan objetos más personales, estratégicamente colocados en la dependencia. En concreto, dos fotografías. En una aparece él mismo junto a la Infanta, y en la otra, su madre, María Concepción Sáenz de Tejada y Fernández de Bobadilla.

A sus 35 años, Jaime Rafael Ramos María de Marichalar Sáenz de Tejada corona una fundación en la que figuran como patronos, entre otros, el director general de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza, el secretario general de la OTAN, Javier Solana, el tenor Plácido Domingo y el ex futbolista Emilio Butragueño.

Todos, asegura Winterthur, trabajarán sin cobrar una sola peseta. En el caso específico de Marichalar -«no es un cargo honorífico sino de presidente ejecutivo», se insiste desde el grupo asegurador- su labor se considera una extensión de sus funciones como Managing director senior adviser del Credit Suisse Group. La fusión, el pasado verano, entre la compañía de seguros Winterthur y el grupo financiero helvético ha hecho que ambas entidades tengan una única unidad de destino en lo universal. En lo nacional, Pirineos abajo, es la aseguradora la que ha creado la Fundación para desarrollar una política de patrocinio de proyectos humanitarios y sociales y de mecenazgo cultural.
La Fundación Winterthur, en palabras del propio Marichalar, «no tiene otra ideología ni otro objetivo que el servicio desinteresado a la sociedad». El ya ha apuntado dos grandes proyectos en lontananza: «Uno de claro interés social, que estamos rematando en sus detalles en estos momentos, y una gran operación de mecenazgo cultural en colaboración con el Ministerio de Cultura y el Museo del Prado».

La labor social de patrocinio y mecenazgo, opina el duque, «es cada vez más importante y tiene un contenido de distribución de la riqueza que permite que grandes compañías industriales y de servicios destinen una parte de sus beneficios a complementar la labor del Estado».

En definitiva, el duque de Lugo no expone nada ajeno a lo que viene viendo en otros miembros de su familia política. Su nombramiento como presidente de Winterthur remarca una tendencia consolidada en el seno de la Familia Real española. Todos sus miembros -hoy por hoy sólo queda sin fundación el jugador de balonmano Iñaki Urdangarín, esposo de la Infanta doña Cristina- presiden o trabajan en distintas fundaciones. Algunas, como la Príncipe de Asturias o la Reina Sofía, llevan incluso el nombre de sus respectivos presidentes. Siempre se trata de labores no remuneradas, salvo la de la infanta Cristina, adscrita profesionalmente al departamento de proyectos sociales y asistenciales de la Fundación La Caixa en Barcelona.

Los rumores de que el conde de Lugo terminaría presidiendo una fundación son casi tan antiguos como su boda, celebrada el 18 de marzo de 1995 en la catedral de Sevilla. Hasta poco antes del enlace Marichalar era un perfecto desconocido. Su nombre saltó a las revistas y periódicos en 1993, cuando unos fotógrafos le sorprendieron en compañía de la Infanta y empezó a correr tinta impresa. Se supo entonces que la relación entre ambos comenzó a raíz de que se conocieran en París, en 1987.
La hija mayor de los Reyes, la primera Infanta de España con título universitario, el de Magisterio, estudiaba entonces Literatura francesa en la capital del Sena y Jaime de Marichalar ampliaba allí sus estudios de gestión de empresa y marketing. El había llegado a la ciudad en 1986, con 23 años.

Nació el 7 de abril de 1963 en Pamplona (Navarra) como el cuarto hijo -después vendrían dos más- del matrimonio formado por Amalio de Marichalar y Bruguera, conde de Ripalda (fallecido en 1979) y Concepción Sáenz de Tejada y Fernández de Bobadilla, de familia de militares. Educado en colegios jesuitas y franciscanos, es tan difícil verlo haciendo declaraciones a la prensa como de juerga nocturna. Y no es que en eso haya cambiado por obligaciones del cargo de consorte.
Jaime de Marichalar ha sido desde niño pura discreción. Hay quien ve en ello la vieja sangre mesetaria que corre por sus venas. En una finca de su familia, Garrejo, sita a 7 kilómetros de Soria, se excavaron las ruinas de Numancia.

Lo que los españoles descubrieron al hacerse oficial el compromiso matrimonial de la pareja, en noviembre de 1994, es que el novio era la seriedad hecha persona, un chico formal y de buena y noble familia. No trasnochaba, no tenía mácula en su expediente amoroso, apenas arrastraba vicios -un cigarrito negro, Ducados o Gitanes, de vez en vez-, hablaba a la perfección inglés y francés y trabajaba de broker en la banca parisina. Además, era afortunado: una tía, María Teresa de Marichalar, le había regalado dos edificios en Madrid cuyo valor estimado rondaba los mil millones de pesetas.

Que le apasionara el ballet, y especialmente la alta costura de París, no pasaba de ser una pequeña debilidad -¿frivolidad?- más digna de elogio que de reproche. Un toque casi de distinción en alguien que, para dejar claras sus credenciales monárquicas, había bautizado con el nombre de Zar a su caballo; porque a Jaime de Marichalar, como a su esposa, también le priva la hípica.
Desde su boda, sus aficiones y hábitos han cambiado poco. Su vida, algo más. Aunque la pareja instaló inicialmente su residencia en París, el embarazo de la Infanta, y la circunstancia de que al poco el grupo Credit Suisse le ascendiera en el escalafón, propiciaron el traslado a Madrid. Marichalar fue nombrado en enero director gerente y consejero de la filial Credit Suisse First Boston, con despacho en la capital española. No por ello ha dejado de viajar: el trabajo -compromisos de consorte aparte- le obliga a frecuentes visitas a Londres, Nueva York, París y Zurich.
Desde febrero de este año, los duques de Lugo viven en un dúplex alquilado de 250 metros cuadrados en el corazón del distinguido barrio de Salamanca. Precisar el precio del alquiler -se ha llegado a publicar que ronda el medio millón al mes-, así como el sueldo de Marichalar -se ha escrito que alrededor de dos millones- es un puro ejercicio cabalístico.

El cuarto de los seis hijos de los condes de Ripalda ahora deberá compaginar su trabajo en el banco con la crianza del bebé -es un suponer- y las tareas que le depare el cargo de presidente de la Fundación Winterthur. Para lo primero y lo último cuenta con despacho junto al Paseo de Recoletos. «Muy sobrio, como es él. Tamaño medio, ni grande ni pequeño», dice alguien con quien trabaja a menudo.

Felipe Juan Froilán de Todos los Santos tiene un papá mecenas, presidente de Fundación. El viernes, todavía de madrugada, Marichalar alzó la mano derecha y bebió para festejar. Cava por el nuevo Borbón.

Grande de España, con tratamiento de excelencia y tercero en la línea sucesoria de la Corona, por delante de su tía doña Cristina y por detrás del Príncipe y de su madre. Así llegó al mundo, a las 2.16 horas del 17 de julio, Felipe Juan Froilán de Todos los Santos de Marichalar y de Borbón.
Todo estaba escrito en la Constitución de 1978. La misma Carta Magna que consagra la notoriedad del bebé desde la cuna le impide, al hacer distingo entre sexos, ser hoy el principal sucesor de su abuelo después sólo de su madre. Y es que la ley de leyes, en un precepto que algunas asociaciones de mujeres podrían llegar a recurrir ante el Tribunal de Estrasburgo, establece que el Príncipe Felipe, por ser varón, es el heredero y no su hermana Elena, la primogénita de los Reyes.

Así las cosas, Felipe Juan Froilán -su tercer nombre es en homenaje al patrón de Lugo, ciudad que da título al ducado de sus progenitores- no está llamado, en principio, reinar en España. Tal circunstancia sólo se produciría si algo apartara al Príncipe Felipe de su camino al trono -una boda no autorizada por sus padres y las Cortes, por ejemplo,- o si nunca tuviera hijos.

En cualquier caso, el joven Marichalar sí es miembro de la Familia Real. Por más que su padre no tenga sangre «azul», el bebé no se ve perjudicado por la derogada Pragmática de Carlos III, según la cual perdían sus derechos sucesorios aquellas personas que, teniéndolos, contrajeran matrimonio con otras que no fueran de sangre real.

El tratamiento de Felipe Juan Froilán como excelencia le viene de ser hijo de los Duques de Lugo. Con él se inicia la undécima generación con derecho a la sucesión directa de la Casa de Borbón en España. La genealogía de la dinastía borbónica española arranca, en 1700, con Felipe V. Accedió al trono al morir sin descendencia el último de los Austrias, Carlos II.
Por vía paterna, Felipe Juan Froilán proviene de una familia noble que remonta sus orígenes al siglo XVII. De aquellas grandezas los Marichalar conservan la finca soriana, Garrejo, que permitió al vizconde de Eza donar al Patrimonio Nacional las ruinas de Numancia. También les queda la Casa de los San Clemente, palacete del siglo XII.

La abuela paterna del bebé, doña Concepción, condesa consorte de Ripalda, es hermana del teniente general José Sáenz de Tejada, jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra en los 80, y cuñada del teniente coronel Prieto, jefe de la policía foral navarra asesinado por ETA.