17 de mayo de 2013

El Oscar de Nacido en 4 de Julio


El actor Billy Cristal será este año el encargado de presentar la ceremonia que hará una concesión hasta la fecha inexistente al reclamo internacional de los Oscar: van a intervenir en directo cinco presentadores adicionales desde otras tantas ciudades del mundo. Jack Lemmon estará en Moscú, Glenn Close y Mel Gibson en Londres, Charlton Heston y Norma Aleandro en Buenos Aires y Bryan Brown y Rachel Ward en Sydney, Australia. Warren Beatty, Robert De Niro, Jane Fonda, Tom Hanks, Jessica Lange, Jack Nicholson y Dan Aykroyd participarán, entre otros, en la entrega de premios. 

Si se cumplen las previsiones, la «quiniela de los Oscar» de este año tiene a tres películas muy distintas como máximas aspirantes a los premios de más prestigio: mejor película, director, actor y actriz. Paseando a Mis Daisy, de Bruce Beresford, que cuenta la enternecedora relación de un cuarto de siglo entre una rígida mujer judía, sureña y dominante, y su amable y comprensivo chófer negro. Nacido el cuatro de julio, de Oliver Stone, que es una crónica sobre la vuelta de Vietnam de un orgulloso ex combatiente que se pasa a la oposición después de malvivir Vietnam. 

Y Mi pié izquierdo, de Jim Sheridan, que retrata la biografía de un divertido e inteligente enfermo cerebral irlandés. A la mayoría de los 4.500 miembros de la Academia de Hollywood les disgusta la polémica o el alboroto, por lo que han apartado tres películas «difíciles»: Do the right thing, de Spike Lee; la extraordinaria Sexo, mentiras y cintas de vídeo, de Steven Soderbergh; y la curiosa Roger y yo de la estatuilla a la mejor película. Nacido el cuatro de julio, la última película de Stone (Platoon) sobre su obsesión de siempre -la guerra de Vietnam- parece hecha a la medida para llevarse el premio a la mejor película. 

Tiene todo lo que la Academia aprecia: una fotografia espectacular, un guión sencillo pero directo, un toque de pasión emocional desenfrenada y, tal vez en el fondo, el reconocimiento de un error histórico dicho a medias. Si Paseando a Miss Daisy se llevara la más preciada de las estatuillas no sería una sorpresa. Es la película revelación del año y su éxito comercial constituye toda una sorpresa para los críticos de cine. 

Una victoria de El club de los poetas muertos, Campo de sueños o Mi pie izquierdo no sólo no se ajusta al mecanismo tradicional de la Academia, sino que también estropearía las previsiones de los entendidos.

15 de mayo de 2013

No son nada más que canciones


A pesar de utilizar los mismos mimbres que dieron forma al rock and roll hace tres décadas, las canciones de Chris Isaak suenan inevitablemente actuales. 

Nacido a la fama desde su añorado San Francisco hace cinco años, cuando editó su espléndido primer disco, Silvertone, está de nuevo de actualidad por la edición de «Wicked Game». Un álbum recopilatorio, que tiene como principal atractivo un tema inédito del mismo título, una balada sinuosa que corteja las imágenes de la última aventura cinematográfica de David Lynch, Wild at heart. Son las primeras horas de la mañana cuando aparece el rocker californiano, acompañado de su guitarra y del percusionista de su banda, Kenney Dale Johnson. Comienzan las entrevistas, interpretando ante el regocijo de los presentes uno de sus temas. «En California -comenta- son ahora las dos de la madrugada. Es una buena hora para la música». Al preguntarle que si suele improvisar sus actuaciones habitualmente, su, respuesta es la siguiente: «Recuerdo una vez en Chicago, que entré a un pequeño nightclub, me subí a una mesa y empecé a tocar para la gente que allí había. 

Claro que me habían dicho que estarían losChris Isaak jefes de la compañía...» Chris Isaak, a pesar del éxito, no se considera una estrella. «Ellos tienen ya a Madonna y a Prince para preocuparse... a mí me dejan tranquilo... Wicked Game es la primera gran oportunidad que he tenido para acercarme al éxito masivo, espero que no acabe conmigo... De él se ha dicho que es el nuevo Elvis, pero él asegura que «nadie es el nuevo Elvis. Yo utilicé su imagen en el primer disco, pero era sólo una manera de llamar la atención y hacer que se fijaran en mí». De cualquier forma, es muy difícil imaginarle comprando un disco de cualquier grupo actual. 

Parece atrapado en una época, como la Peggy Sue de Coppola. Y es que cree «que lo único bueno de volver a los cincuenta sería que me podría comprar un coche más barato... en serio, tengo discos de gente como Deee Lite o Dwight Yoakam, que como yo, tienen cerca de treinta años... no habíamos nacido en esa época. Tampoco parece llevar la vida disoluta de un rockstar, a no ser -le digo- que haga doble vida como Laura Palmer. «Algo de eso hay, por el día soy músico, y de noche... A lo mejor llevo la piernas llenas de tatuajes, y no lo veis... Tampoco soy un tipo torturado, o melancólico, como mis canciones o mis vídeos. 

Las canciones son simples canciones, sin grandes mensajes. Yo no le doy más vueltas». Y mientras, desgranan, cuando la ocasión requiere explicaciones adicionales, canciones que les llegan a la cabeza. Hasta una hermosa balada de amor mejicana, en casi perfecto castellano. Es verdaderamente una agradable sorpresa. Como lo son sus esporádicas actuaciones cinematográficas en películas como Casada con todos, de Jonathan Demme.

14 de mayo de 2013

Símbolos de guerra en el rock


No solo la industria armamentística o los especuladores se benefician de la guerra. El rock, desde prácticamente sus comienzos, viene aprovechándose de las injusticias, desastres y muy especialmente simbología de lo bélico. Dejando a un lado el carácter inspiratorio de guerras como la de Vietnam o el Líbano, que han servido para disimular más de un «bloqueo mental» de autores comprometidos, la guerra, el ejercito y su parafernalia han sido y son elementos esenciales para entender filosofías de grupos musicales y movimientos. Elvis Presley fue uno de los primeros en darse cuenta. 

Nada mejor que la «mili», la pulcritud del uniforme, para dar una imagen decente, adecuada al «american way of life», que suavizara el componente lascivo de sus movimientos de pelvis y le permitiera llegar a absolutamente todo el público. Una actitud, esta del patriótico Elvis, que aunque en su momento resultó más que beneficiosa, sería impensable de haberse dado a partir de mediados de los setenta. Malcom Mc Laren y, por consiguiente, el punk le dieron a lo bélico la vuelta. 

Dejaron a un lado la respetabilidad de los uniformes, para tomar exclusivamente la oscuridad, dureza e implicaciones sadomasoquistas de la ropa militar, especialmente la nazi. Gorras, botas de caña alta, americanas, cuero e incluso cruces gamadas pasaron a formar parte del guardarropa de todo buen punk. Una estética que en movimientos posteriores como el «afterpunk» o lo industrial se convirtió en absolutamente imprescindible. Pero lo superficial, con el tiempo, ha ido trascendiendo. Grupos como Killing Joke, Joy Division -nombre con el que los nazis llamaban al barracón de las prostitutas que «divertían» a los oficiales, Baron Rojo o B 52's se han bautizado con pegadizos nombres bélicos. 

Otras bandas como, por ejemplo, Gabinete Caligari en sus comienzos han adoptado el tema de la guerra no como simple objeto de ataque sino también como argumento de canciones ¿Cómo perdimos Berlín? y vídeos. O, en el caso de grupos «industriales», no tan lejanos en el tiempo, incluso actualmente vivos la fábula, el mito de la apocalipsis nuclear ha sido toda una razón de vida para locos como Aviador Dro o Devo, desde siempre convencidos de que las máscaras antigás son de lo más favorecedoras.

12 de mayo de 2013

Dando un repaso al revistero


El acontecimiento de la semana es, por supuesto, la fiesta del cine en Hollywood y el Oscar a Penélope Cruz. La alcobendense acapara las portadas de todas las revistas de corazón de esta semana. Sirva como ejemplo Lecturas que, bajo el título El sueño de Pe, lleva a la primera plana el deseado beso de la actriz a la estatuilla dorada. Las páginas interiores dedican nada menos que 24 páginas a los modelos que las actrices lucieron en la alfombra roja y los momentos cumbres de la gala conducida por Hugh Jackman.

Desde Julio Iglesias a Gloria Estefan, todo el panorama musical latino se dio cita en Miami para acompañar a Don Juan Carlos y a Doña Sofía en una fiesta en su honor donde se despidieron de su periplo por el Caribe.

Lecturas recoge la gala de Andalucía que condujo Eva González, actual pareja de Cayetano, en el canal autonómico.

Con su tono jocoso, es la publicación que más se aleja de la visión edulcorada de los Premios Oscar, hasta el punto de poner uno de sus particulares bocadillos en boca del propio premio dorado mientras Pe le da el célebre beso: «Focorrof, fe me afogo [Socorro, que me ahogo]». También deleita al personal con una sección de las peor vestidas de la gala, donde no podía faltar, como todos los años, el modelo de la (notable) actriz Tilda Swinton y el escamado vestido de Miley Cyrus.

La publicación ofrece una entrevista con el actor estadounidense que se quedó sin el ansiado Oscar por Benjamin Button, donde confiesa que la llegada de los gemelos desequilibró «un poco la rutina» de la pareja.

«¡Qué melena tienes, bandido!», pone Cuore en boca de un amigo de Nadal en un reportaje gráfico donde aparece el tenista con su novia Xisca.

Hay vida más allá de los Oscar. Semana, por ejemplo, bajo el título «Cayetano Rivera seduce en Nueva York», dedica un reportaje a la inauguración de la tienda de Armani en la Gran Manzana donde coincidió el apolíneo torero con la beautiful people nacional e internacional, como Elsa Pataky o Eugenia Silva -ambas con un look de lo más diplomático-, así como Victoria Beckham -con un aspecto que puede llevar al lector al error de pensar que la spice sufre algún tipo de enfermedad renal-, o la novia de Alberto de Mónaco.

Shiloh Jolie Pitt, de cuatro años, es una niña preciosa: rubia, ojos claros, mofletes... No es de extrañar, sus padres, Brangelina, son los actores más deseados del cine.

La presentadora, de 37 años, ofrece una entrevista a Nieves Herrero con motivo de la publicación de su primera novela, mientras prepara un nuevo programa.

Nada de malos tratos, sólo una de esas broncas en las que el marido jura en arameo. Es, al menos, lo que Chábeli cuenta en la exclusiva que lleva esta semana ¡Hola! en relación a la denuncia que interpuso hace dos años por malos tratos hacia su pareja Christian Altaba. «[Christian] comenzó a dar vueltas alrededor de la casa dando voces. Fue entonces cuando me entró un poco de miedo y decidí llamar a la policía», asegura en un reportaje donde las imágenes de happy family resultan excesivamente bucólicas.

Clemente (19), hijo del conde Lequio y Antonia dell'Atte, quiere abrirse camino como disc-jockey de tecno avanzado. Su bautismo de fuego fue la semana pasada en Barcelona, con el apoyo de su madre.

¡Hola! muestra cómo recibieron los vecinos de las chabolas donde se rodó Slumdog millionaire a los actores más pequeños tras los Oscar. Nada que ver con Alcobendas y Pe.

11 de mayo de 2013

Los grammys se rinden a Robert Plant


Los Grammy, ya se sabe, suelen llegar con unas cuantas décadas de retraso. Así se explica lo de Robert Plant, el mítico y melenudo vocalista de Led Zeppelin, que ha tenido que cumplir los 60 para poder triunfar. En 2005, le dieron un gramófono honorario por su carrera, pero esos apenas cuentan. Los cinco de la otra noche por Raising sand -compartidos con Alison Krauss- son los que pesan de verdad.

Tan poco habituado estaba Plant a chupar micrófono en los Grammy que casi no dejó hablar a su casual compañera, la musa del bluegrass e insuperable talismán. Con las cinco estatuillas compartidas (incluida la del álbum del año), Krauss se coloca, a sus 37 años, con 26 Grammy, uno más que Stevie Wonder, que cerró la interminable y anacrónica noche musical.

Todo hacia presagiar una campanada múltiple de Coldplay con Viva la vida (tres Grammy), o un golpe de mano del rapero de Nueva Orleans Lil Wayne (cuatro), o incluso un parto prematuro y múltiple de M.I.A. Pero la noche estaba reservada para las parejas improbables.

El caso es que el británico Robert Plant y la chica de Illinois no las tenían todas consigo. El calentón les llegó en escena, donde quedó claro que aquello no era una pareja sino un trío, vigilado de cerca por el guitarrista y productor T-Bone Burnett.«Él ha sido el verdadero artífice de este encuentro», dijo Plant en una de sus interminables dedicatorias, nada más recibir el Grammy a la mejor grabación del año por Please read the letter.

Y entre bastidores, Plant le dio las gracias a Jimmy Page, su ex compañero de Led Zeppelin, con quien concibió originalmente el tema. «Le hemos dado un toque a lo Nashville, pero suena muy bien», admitió. Alison Krauss, no se sabe si por timidez o por empacho de éxitos, se echó voluntariamente hacia atrás y dejó que el veterano rockero se apropiara del triunfo compartido.

«¿Para cuándo la vuelta de Led Zeppelin?». Plant miró hacia otro lado, como repitiendo sin palabras lo que ya ha dicho tantas veces: «No quiero que parezcamos un grupo de viejos aburridos que van persiguiendo a los Rolling Stones». El cantante prefirió invitar a sus nuevos fans, los mismos que llegaron hasta Raising sand siguiendo la estela de Alison Krauss, para que escuchen los temas de la legendaria banda.

La tragedia personal (el accidente de coche de 1975, la muerte de su hijo Karac en 1979) marcaron no sólo la ruptura de Led Zeppelin, sino la trayectoria en solitario de Robert Plant durante más de 25 años. La grabación de Raising sand se convirtió en una especie de epifanía: lo que empezó como un secreto a voces acabó fraguando en disco de platino, multitudinaria gira y celebrada resurrección para mayor gloria de los Grammy, que durante gran parte de la noche parecieron modelados para la muchachada preadolescente (Miley Cyrus, Taylor Swift, Jonas Brothers, y en este plan).

Los mejores números, pese a la fatiga del género, llegaron por obra y gracia del hip hop. Lil Wayne, mejor álbum rap del año por Tha Carter III, convirtió el escenario en una delirante celebración bebop por el alma rediviva de Nueva Orleans. Kanye West, Jay Z y T. I. se disputaron a codazos la atención de la preñadísima M.I.A., que salía de cuentas esa misma noche y poco le faltó.

U2 hizo esta vez de grupo telonero de Coldplay, que se las prometía muy felices con Viva la vida (mejor canción del año y mejor album de rock), pero no pudo rematar la noche. Whitney Houston le pasó también el testigo a Jennifer Hudson, primer Grammy de su vida, con una sufrida interpretación de You pulled me through en homenaje a su madre y su hermano, asesinados hace cuatro meses.

Hubo, por supuesto, constantes referencias al Yes we can, de Barack Obama, ganador de dos Grammy en tiempos pasados por las versiones leídas de sus libros.

10 de mayo de 2013

Lleno de buenas intenciones


No recordaba el estreno, en 1987, de la obra de José Manuel López, compositor que, a sus 36 años, nos ha dado buenas muestras de su talento. Este estudio sonoro sobre los misterios del tiempo no está a mi juicio entre lo mejor suyor. Es cierto que utiliza hábilmente los recursos de la orquesta, pero parece complacerse en conseguir una sucesión de sonoridades bien pensadas, en vez de construir un discurso musical que prenda la atención. Chronos es una página breve hecha con oficio, hasta con imaginación, pero que se oye y se olvida. El público del Monumental dividió sus opiniones, cosa ya infrecuente. 

Se dice que estos buenos aficionados son más cavernícolas que otros. Yo creo que, más bien, son más ingenuos y a la pata la llana. Por eso protestan lo que no les gusta y por eso también, al final, aunque hayan oído las mayores maravillas, se ponen la gabarina y se van a su casa, como si hubieran visto una película de buenos y malos. Un sector aplaudió, e hizo saludar a José Manuel López. El maestro Arpád Joó, que había trabajado bien la obra española, no supo o no quiso -eso nunca se sabe- refinar su Mozart. Con tanta gente en el escenario es difícil. Más bien no quiso, ya que la orquesta, cuando se le pedían delicadezas, las daba. La intención del director era un Mozart vivo y fuerte, pero el postillón mozartiano armaba demasiado ruido; cosa que, por otra parte, es propia de postillones. Quedó bien el solista, que no usó la vieja trompa natural -símbolo de Correos, como recuerda Tomás Marco en su nota- sino un moderno fiscorno. 

Mejor fue el resultado sonoro en la plenitud brahmsiana, pero también ahí se pasó Arpád Joó un poquito. La violinista Verhey y el violoncellista Perenyi son dos excelentes concertistas, afinados, expresivos, de limpia y delicada técnica. Su especialidad no es la potencia y, en muchos momentos, la Orquesta se los comió con patatas. En el andante, por ejemplo, y pese a que nunca se quedan solos en su papel, el canto melódico, que siempre se debe oír, se perdía en la densa urdimbre sonora de Brahms, que necesita otra claridad. La hermosa obra, pese a todo, alcanzó una versión notable. Parte del público aplaudió, y la otra parte, ya saben ustedes, se puso la gabardina.

9 de mayo de 2013

Mis recuerdos del santuario

«Arántzazu se hizo en un momento muy malo para la arquitectura española, porque estábamos muy aislados del 39 al 55 no sabíamos muy bien lo que se hacía fuera de aquí. Era una obra honesta, eso sí: estudié muy bien la acústica de la nave, por ejemplo. Yo decidí irme a vivir allí, porque si no estábamos a pie de obra ésta no avanzaba. Nos trasladamos un equipo formado por Carlos Pascual de Lara -un pintor que murió poco después-, Jorge Oteiza y yo.

Después colaborarían Eduardo Chillida, Néstor Basterrechea y Lucio Muñoz, entre otros. Trabajábamos como una especie de asociación de artistas interesante, movidos por un gran entusiasmo. La obra no es de lo más definitivo, pero sí tiene algunos trucos más o menos válidos. El Vaticano la mandó parar, porque había gente asutada de lo que estábamos haciendo y habían informado que la iglesia no tenía cruz.

Yo siempre he sido, y sigo siendo, muy mal creyente, pero vamos, la cruz estaba ahí, encima del campanario y seis o nueve cruces en la fachada. Hubo también cierto rechazo por parte de la gente sencilla: estaban acostumbrados a que la Virgen estuviese vestida y no desnuda en una urna de plata. Arantzazu fue una batalla hermosa, porque fue un deseo de integrarse en un equipo reducido de gente, sin obligar a nadie, trabajando en común. La realidad de las obras nunca se parece a lo planeado. Yo creo que el santuario no aporta nada, pero hay unas cuantas cosas muy válidas: las esculturas de Oteiza, el fantástico retablo de Lucio, cosas».